12.5.16

Quitarse el muerto de encima

   


     Disparaba a tontas y a locas, llevado por el ciego afán de salvarse matando, sin distinguir entre amigos y enemigos.

     Las mortíferas piezas de plomo tatuaron el suelo.
     Van Yale notó que el hombre que tenía encima se estremeció bruscamente, restregando su cara contra la suya y llenándole de pegajosa babosidad.
     ¡Era preciso detener a aquel loco!
     Ladeóse ligeramente y levantó el revólver, disparando.
     Tres segundos después el cuerpo del hombre que empuñaba el rifle efectuaba un ruido apagado al caer al suelo.
     Van dio un respimgo de alivio y se desprendeió del muerto que reposaba sobre él. Después, mirando hacia todas direcciones, se alejó de allí.

(Al Sherman, 24 horas muriendo, Ediciones Ferma, 1962)

2 comentarios:

  1. Imagino que miraba por inercia, si se lo había cargado a todos:)
    Siempre genial. Gracias.

    ResponderEliminar
  2. A saber qué pasaba por su mente. En este tipo de obras no pierde el tiempo en psicologías.

    ResponderEliminar