19.4.16

Altenberg


Una de los rasgos que caracterizan a Europa es la invención de los cafés. El café, como lugar de reunión, tertulia  e incluso trabajo, es una creación netamente europea y en este sentido Viena, la capital austríaca, su máxima expresión. Por los viejos Kaffehaus han pasado gran parte de los más relevantes artistas y escritores centroeuropeos, En particular, desde finales del siglo XIX hasta los años treinta del siglo pasado, los cafés vieneses han contado entre su clientela a literatos como Hugo von Hoffmansthal, Stefan Zweig, Franz Werfel, Robert Musil, Hermann Broch, Joseph Roth, Elias Canetti, Heimito von Doderer, Alfred Polgar, Arthur Schnitzler, Karl Kraus... y Peter Altenberg.
Cerca de la entrada del Café Central, en el 14 de Herrengasse, hay una figura en papel maché que representa a un señor calvo y con bigote, sentado junto a una mesa. Se trata de Peter Altenberg (1859-1919), escritor y cronista de la vida vienesa, que hizo de este local su lugar diario de trabajo, hasta el punto de dar la dirección postal del mismo como su domicilio habitual.
Altenberg era un bohemio y un frecuentador de albergues para vagabundos. Para sus compañeros judíos era un Schnorrer, un sablista. En nuestro país es prácticamenente un desconocido, si bien hace unos años se publicaron Páginas escogidas (Mondadori, 1997) y Amanecer en el Prater (Eliago, 2008). La mayor parte de la obra del escritor vienés lo constituyen poemas, aforismos, apuntes y viñetas; prosas breves en las que destila su pensamiento y su capacidad de observación. He aquí una muestra: "Hay solo dos cosas que pueden destruir a un hombre saludable: problema amoroso, ambición y catástrofe financiera. Y estas cosas ya son tres, y hay un montón más."    

3 comentarios:

  1. Hola Jorge, este invierno pasado escuché en la radio un programa dedicado al café. Bastante interesante y curioso.


    https://youtu.be/oPHPL2Wg5qg


    Detrás de esta canción con su toque de sensualidad ya sabemos lo que hay, siempre un toque de amor...
    Ojalá en España hubiera tertulias a la hora del café. No sé en el norte, pero en el sur solo bares de copas, muchas fiestas y mucha juerga que acaban en borracheras. Entre otras cosas muy hermosas, no cabe duda.

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  2. Aquí, como en otras partes del país, han ido desapareciendo los cafés antiguos, con solera, en aras de la "modernidad". Todo esto que nos hemos perdido. Ahora tenemos muchos bares, con mucho ruido y mucha televesión, que no favorecen la conversación tranquila.

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