27.9.15

Ángeles Villarta


Ayer sábado recordaba José Ignacio Gracia Noriega, en un artículo publicado en La Nueva España, la figura de Ángeles Villarta Tuñón. Pedía para ella, como reconocimiento a su obra, el premio Princesa de Asturias de las Letras. No creo que los de la Fundación le hagan mucho caso, pero bien está, y es de justicia, que se recuerde a esta escritora asturiana, residente en Madrid, que en la actualidad cuenta 102 años de edad. Nacida en Belmonte de Miranda, pasó su infancia en Lastres (en la casa conocida ahora como del "Doctor Mateo", por la serie televisiva) y se educó en Friburgo (Suiza). Establecida en Madrid desde el inicio de la guerra civil, Villarta estuvo muy activa en los años cuarenta y cincuenta. Fue profesora mercantil, enseñó francés, colaboró con Auxilio Social y ejerció de periodista en varios medios de comunicación de la capital, con crónicas de actualidad, artículos de opinión, moda, entrevistas, etc.
En el ámbito editorial relanzó la colección "La Novela Corta", donde colaboraron algunos de los escritores más renombrados del momenro, de Pío Baroja a Enrique Jardiel Poncela; creó la Colección Las Gemelas y dirigió la revista humorística Don Venerando. Intervino en programas de radio y televisión ("El alma se serena"), Entre su abundante obra literaria destacan novelas: Muchachas que trabajan, Yo he sido estraperlista, Con derecho a cocina, Una mujer fea... Esta última ganó en 1953 el premio Fémina, creado por la editorial Colenda. Escribió también cuentos, biografías (Isabel la Católica, Santa Teresa de Jesús) y poemas (La taberna de Laura, Fervor de Madrid, Costa verde). En Asturias. Cumbre, valle, mar despliega su devoción por el paisaje de su tierra natal, "verde de carne vegetal, de un verde irrecusable el mar..."

2 comentarios:

  1. Desde luego, bien merece reconocimiento. Su actividad cultural y literaria -desconocida hasta hoy para mí- revela un carácter resolutivo y mucha inteligencia.Sobre todo si tenemos en cuenta lo bien que se desenvolvió, tal como cuentas, en una sociedad tan pacata con las mujeres.

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  2. Pues sí, no debió serle fácil. No ha dejado, que yo sepa, ningún libro de memorias. Lástima.

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