19.3.14

La bruja global

Joan Amades i Gelats (1890-1959)


En el libro El mal donat (Biblioteca de Tradicions Populars, Barcelona, 1935), del etnógrafo y folklorista Joan Amades, que trata del mundo de la magia y las supersticiones populares (meleficios, encantamientos, mal de ojo, ligaduras, etc), encuentro esta curiosa referencia, que traduzco del original catalán:

"Hace unos quince años, andaba por las calles de Barcelona una vieja mendiga que sabía una famosa oración que tenía la propiedad de conjurar todo conflicto de carácter público, por grande que fuese. Para que el exorcismo tuviera eficacia era necesario saber el nombre del causante, condición indispensable, ya que el peso del recitado secaba y volvía calavera al autor de la desgracia, y mientras este se fundía y perdía grasa y vida, se iba calmando y apaciguándose el daño hecho por él. La vieja decía, con toda la buena fe, que había hecho acabar la guerra europea. Para que la oración tenga su efecto se ha de decir justo a medianoche; mientras tocan las doce se ha de empezar, y se debe repetir tres veces, estando desnudo quien la dice, a oscuras del todo y de cara a una pared blanca, la cual escucha el recitado y se encarga de hacer llegar los efectos al causante, quien en el preciso momento ya siente el peso de su culpa, llevado por la oración. El recitado tiene efectos más intensos cuanto más blanca, alta y ancha es la pared. La vieja guardaba esta famosa oración en gran secreto; pero, mediante una pródiga limosna, no tuvo inconveniente en decirnos el texto, si bien, según explicó, se reservó algunos detalles sobre la manera de pronunciarse para que fuese bien eficaz, ya que, si nos lo hubiese dicho todo, le habríamos podido hacer la competencia."

2 comentarios:

  1. Bueno, callarse lo fundamental es esencial en estas cosas de la brujeria, aunque la competencia sea igual de buena o de mala :)
    Estas cosas son siempre curiosas y hay que ver lo que la gente cree en ellas, hecho que también tiene su misterio o aburrimiento.
    En fin, no quiero entrar en detalles que si bien narradas parecen bonitas, en la vida real a veces son increiblemente díficil de creer. Jeje. ¡Ay!

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  2. La verdad es que, en estos aspectos, hemos cambiado muy poco.

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