19.2.14

Summers


Este reverendo de aspecto bonachón y un tanto melifluo es Montague Summers (1880-1948), en su tiempo uno de los mayores especialistas en literatura de lo oculto y lo sobrenatural. Estudió en el Trinity College y fue ordenado diácono anglicano en 1908. Destinado a una parroquia de Bristol fue acusado de pederastia, pero en el juicio fue encontrado inocente. En un momento del proceso, Summers dejó la Iglesia de Inglaterra, se convirtió al catolicismo y fue ordenado sacerdote. Más tarde se estableció en Oxford.
Su portentosa erudición abarcó desde la brujería al sanguinolento teatro de la Restauración, pasando por los vampiros, los demonios, los fantasmas y los hombres lobo. Entre sus muchas obras se pueden destacar: The Vampire in Europe (1929), The Werewolf (1933), The Gothic Quest: A History of the Gothic Novel (1938) y Witchcraft and Black Magic (1946). En los últimos años de su vida Summers también rescató del olvido y editó numerosos romances góticos y de terror, entre ellos las siete "horrid novels" de las que se habla en Northanger Abbey, de Jane Austen.
El reverendo Montague Summers sigue siendo un enigma. Defensor de la fe católica más ortodoxa, no escondió sin embargo su fascinación por autores y asuntos considerados morbosos. Así, por ejemplo, en 1919 dictó una conferencia en la British Society for the Study of Sex Psychology sobre "El Marqués de Sade. Un estudio en algolagnia", incluida en el el libro Essays in Petto (1928). En ella escribe Summers con gran desenvoltura de las prácticas sodomíticas y sadomasoquistas que aparecen en los libros del marqués, a quien no solo no condena sino que disculpa: "Que tiene páginas de flagrante obscenidad nadie lo niega, ¿pero acaso hemos de subestimar su importancia a causa de ellas?" Y concluye: "Lo sexual, debidamente compredido, se asienta profundamente en el corazón viviente de toda humanidad, toda filosofía, sabiduría y religión". Ua opinión realmente sorprendente para un cura católico de principios del siglo XX.

2 comentarios:

  1. ¡Qué miedo! ¡qué extraño! ¡qué historia!... y aquí lo tenemos, con nosotros.

    Saludos

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  2. Extraño lo es, desde luego.
    Saludos.

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