11.2.14

Idioma soñado

Mapa de la isla de Rapa Iti, Islas Australes (Polinesia Francesa)

En una pequeña ciudad en una ladera de los Vosgos un chico de dieciséis años es visitado en sueños de forma recurrente por alguien que le enseña un idioma completamente desconocido. Pronto el joven Marc Liblin habla esa lengua con fluidez, aunque sigue sin saber de dónde viene ese idioma o incluso si realmente existe. Es un chico solitario, hijo único, superdotado y está sediento de nuevos conocimientos. En su juventud se alimentó más de libros que de pan. Coin treinta y tres años es un vagabundo que vive al margen de la sociedad de Bretaña, donde llama la atención de un grupo de investigadores de la Universidad de Rennes que desean codificar y traducir ese lenguaje soñado. Durante dos años introducen esos extraños fonemas que articula Liblin en las primeras computadoras de la Universidad, pero todo es en vano, ningún ordenador encuentra una pauta en esos sonidos inconexos. En un momento de frustración, se les ocurre una idea: deciden ir a las tabernas del puerto, para preguntar a marinos recién desembarcados si alguno de ellos ha oído alguna vez, en algún lugar, ese extraño idioma. En una de las tabernas de Rennes Liblin pronuncia su ininteligible soliloquio ante un grupo de tunecinos que lo miran con aburrimiento, cuando de repente, el dueño del bar, un marino retirado que los mira desde detrás de la barra, los interrumpe y les dice que ha escuchado ese idioma con anterioridad en una de las islas más lejanas de la Polinesia y que conoce a una vieja dama que lo habla. Se trata de la exmujer de un militar, que ahora reside en unas viviendas de protección oficial en el extrarradio de Rennes. El encuentro con la dama polinesia cambió la vida de Liblin: Meretuiri Make abrió la puerta de su casa, él la saludó en su idioma y ella contestó inmediatamente en el antiguo Rapa que se hablaba en su isla natal. Marc Liblin, quien nunca antes había salido de Francia, se casó con la única mujer que lo entendía y en 1983 se mudaron juntos a la isla, donde se habla su idioma soñado.

(Judith Schalansky, Atlas de islas remotas, Capitán Swing y Nordica, 2013. Traducción de Isabel G. Gamero)

5 comentarios:

  1. Es que, antes historias así, sólo quedan ganas de soñar.
    La literatura es un mundo mágico, siempre lo será para mi; se alcanza lo inalcanzable.

    Muchas gracias

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Soñar e imaginar.
    ¡Qué preciosa historia!.

    ResponderEliminar
  4. Mágica historia, en verdad. Este es un libro altamente recomendable, lleno de historias asombrosas.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Hace tiempo que quería escribir, ya que a menudo me siento identificado con las Novedades que van llegando de tu blog. Desde aquellas novelas de Keith Luger, S.Kane, Estefanía , etc. de aquellos tebeos de Ediciones Novaro con vaqueros míticos de mi infancia y superhéroes clásicos, mucho antes de Marvel. En una tiendecilla de mi pueblo cambiaban de uno y otro tipo y fotonovelas para las señoras, a peseta el cambio. Un duro era una fortuna, una larga promesa de felicidad en una tarde del sábado. No era aún adolescente. Luego vinieron Edgar Rice Burroughs y Lovecrafth y otros autores clásicos y modernos, otras lecturas. Uno se fue haciendo adulto, sin dejar de ser niño...por eso tenía "Idioma soñado" marcado con una banderita roja en el outlook, porque quería comentarte cuanto me ha gustado esta historia en particular y muchas otras en general. Me he anotado los datos.
    En suma sirva de paso este mensaje para felicitarte por el ameno e interesante contenido del blog. Gracias por compartirlo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar