4.2.14

¿Crimen o accidente?


 -Ha sido con atropina -murmuró pesadamente-. Un envenenamiento fulminante e irremediable.
   (...)
   -Todo debió suceder a causa de una terrible confusión -exclamó poco a poco-. Mi mujer tomaba estupefacientes ¿no lo sabías? y era desordenada en su vida interior. La atropina figuraba entre el revoltijo de pequeños frascos, porque alguien se la recomendó como poderoso estimulante. Esta noche...
   Una luz de secreta incredulidad llenaba las pupilas de Valderrey.
   -¿Crees que con la atracción de la fiesta era oportuno acudir en busca de la vida ficticia de una droga? -preguntó acusador.
   -Habíamos sostenido una discusión desagradable y trascendental, que por una vez le robó a Elsa el humor -repuso Gabriel con trágica sencillez-. Sí, comprendo que buscara el falso placer de la cocaína y también que vertiera excesiva cantidad en el vaso; incluso que no se preocupara de asegurarse acerca de la autencidad del contenido ansiado.
   Joaquín se puso en pie nervioso, dando algunos paseos por la estancia.
   -¿He de creerte? -preguntó luego deteniéndose junto a él.

(Trini de Figueroa, Cenizas, Colección Rosaura, Editorial Bruguera, 1953)
  

3 comentarios:

  1. La definición "desordenada vida interior" me sugiere una lenceria desastrosa, claro, por eso se daba a toda clase vicios. Y lo de la "conversación desagradable y trascendental" me deja en ascuas. ¿Quizás quiso convencerla de que debía dejar la cocaína para sustituirla por la lectura de La crítica de la razón pura?
    Creo que nunca lo sabremos, estimado Jorge Ordaz.

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  2. ¡Uy!, él tiene una mirada y esa postura de sus manos que dice: ¡Bien!, ya no tengo que hacerlo yo.

    ¿Es la intención lo que cuenta?, aunque no se lleve a cabo.
    Y ella, eso de rebujar el wisky con las pastillas ¡qué difícil pone el caso!.

    Jeje, un beso.

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  3. Todo un misterio, Amaltea y L.N.J. Siempre nos quedará la duda.

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