11.3.13

Incidente en la Gran Pirámide

El Atlantic en el puerto de Alejandría

En marzo del Año Santo de 1950, D. Matías Sanromá, junto con su familia y un grupo de amigos, se embarcó en el puerto de Barcelona en el vapor Atlantic, de la Home Lines, a fin de realizar un crucero por el Mediterráneo. El objetivo principal del viaje era el paso por Roma, para visitar las cuatro Basílicas de Puerta Santa, ganar el Jubileo y recibir la bendición del Santo Padre.
En su libro autoeditado Senzilles impressions d'un creuer mediterrani (Barcelona, 1952), dio cumplida cuenta del mencionado viaje, relatando las vivencias a bordo del Atlantic, así como las diferentes escalas: Cannes, Génova, Nápoles (con excursión a Pomeya), Alejandría (con extensión a El Cairo), Rodas, Pireo (Atenas), Nápoles (y traslado en autocar a Roma), Génova y vuelta a Barcelona.
En la visita a la gran pirámide de Keops, tuvo lugar un episodio un tanto embarazoso. Sucedió a medio camino del túnel que conduce hasta la cámara del rey: "Los beduinos que nos acompañaban, y que casi eran uno por persona, eran tan enganchosos que no había manera de quitárselos de encima, tanto daba que fueses hombre o mujer. Acababa de perder la paciencia con el mío cuando Jeannette (la esposa del Sr. Sanromá), desesperada de no poder desprenderse de ninguna manera del suyo, me llama y me dice: "Mira, Matías, si no me quitas este hombre de encima, me siento aquí en el suelo y no doy un solo paso". Aesultas de lo cual el Sr. Sanromá se dirigió en francés al beduino conminándole a estarse quieto y a no molestar más. Pero este siguió insistiendo.
El caso es que, agotada la paciencia, en un pequeño rellano, D. Matías agarró a aquel hombre y, enseñándole la pendiente en actitud de lanzarlo hacia abajo, le gritó, en catalán, "que ja tenia els c... plens i que si no ens deixava en pau, el fotria escales avall". La amenaza surtió efecto. El beduino se pegó a la pared y se quedó quieto, "y no solamente lo hizo él, sino que lo hicieron todos los demás, al menos todos los próximos a nosotros, y así fue cómo, tranquilamente, seguimos adelante".
Hay que reconocer que el Sr. Sanromá los tenía bien puestos.   

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