14.6.12

Boswell en Königsberg

James Boswell ( 1740-1795)


En abril de 1784 James Boswell almorzó con Immanuel Kant en Königsberg. De la visita dio cuenta el propio Biswell en un pasaje de su diario, desconocido durante mucho tiempo y que no vio la luz hasta 1997 (hay reciente traducción al castellano de Miguel Martínez-Lage: James Boswell visita al profesor Kant, Ediciones La uÑa RoTa, 2012).

De camino a Königsberg en la diligencia del correo, el biógrafo del Dr. Johnson fue interpelado por dos mozos que "trabaron una disputa en torno a una curiosa cuestión, a saber, si era posible atravesar todos los puentes de la ciudad, pero pasándolos todos ellos tan solo una vez". El envite había sido zanjado bastantes años antes por el matemático Leonhard Euler, desmostrando que tal hazaña era imposible. Pero Boswell, ignorante de dicha resolución, declara más adelante como si tal cosa: "Tras varias circunvoluciones, todas inconclusas, por fin de una tacada crucé los nueve puentes, cumpliendo esta vez con las condiciones del problema y triunfando". En realidad, ni siquiera supo contar los puentes, pues el número correcto de puentes de Königsberg en aquellos días era de siete.
Sus grandes dotes de observación, sin embargo, brillan en la siguiente descripción física de filósofo: "El señor Kant es de pequeña estatura, extremadamente flaco, y tiene un hombro más alto que otro. Tiene la frente alta y despejada, y los ojos azules, grandes, en los que asoma una mirada melancólica, aunque su porte es vivaz, tanto que en nada recuerda al de un pensativo y apesadumbrado metafísico. No le sentaba bien la peluca, y de vez en cuando su criado se la enderezó. Tiene la nariz colorada y los dedos manchados de tabaco. Viste camisa de lino de un blanco purísimo. Vestía además una casaca de terciopelo amarillo, pantalón de seda negra ceñido a la rodilla y medias azules y zapatos de hebilla de plata. Habla en voz baja, pero le creo muy capaz de hablar ante una gran concurrencia".

2 comentarios:

  1. Uno, disciplinado, austero, frugal,capaz de elaborar una filosofía que ha alumbrado la teoría política de estos dos últimos siglos, desligada de la teología; el otro, pasional,inconstante, insatisfecho y magnífico escritor con una vida triste que buscaba el consuelo de lupanar en lupanar. Una pareja perfecta.

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  2. No se lo que pensó Kant del encuentro, pero estoy por afirmar que se cayeron bien el uno al otro. Tal vez porque eran radicalmente distintos.

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