2.7.11

W. E. Henley

William Ernest Henley (1849-1903)
(Fotografía de William Nicholson)

W. E. Henley ocupa entre los amigos de Robert L. Stevenson un lugar preferente. Su correspondencia es, tras la de Sidney Colvin, la más abultada; colaboraron juntos en obras teatrales, intercambiaron confidencias y se hicieron favores mutuos. Tal parecía que su amistad habría de durar para siempre, pero no fue así.
Stevenson conoció a Henley en el invierno de 1875, cuando Leslie Stepheen (el padre de Virginia Woolf) le llevó a la Enfermería Real de Edimburgo, donde aquel se reponía de una amputación del pie. Era de apariencia robusta, pelo rojo, voz cavernosa y reconocido mal genio. Al andar manejaba con soltura la muleta, y no tenía escrúpulos a la hora de emplearla contra quien se terciara. Según palabras de Stevenson, "fue la visión de su lisiada fuerza y maestría lo que engendró al Long John Silver de La isla del tesoro". (En realidad no solo él inspiró un personaje literario, también su hija, fallecida trágicamente, fue el modelo para la Wendy de Peter Pan, de James M. Barrie).
Henley fue un hombre generoso con sus amigos y, en opinión de E. V. Lucas, uno de los grandes conversadores de su tiempo; aspecto éste corroborado por el propio Stevenson en un ensayo sobre el tema ("Talk and Talkers", incluido en Memories and Portraits), donde Henley es llamado Burly. Tenía sus filias yu sus fobias muy marcadas y mantenía sus puntos de vista con vehemencia, encontrándose tan a gusto defendiendo como atacando.
La amistad entre Henley y Stevenson empezó a resquebrajarse cuando éste decidió irse a California para encontrarse con su futura esposa, y se rompió definitivamente cuando marchó para instalarse en Samoa. Lo cierto es que Henley nunca se llevó bien con Fanny Stevenson. Incluso la acusó de plagio.
Fue un final triste para una vieja amistad. En diciembre de 1901 Henley publicó en el Pall Mall Magazine un artículo sobre su amigo ya fallecido. El frío y cortante inicio ya lo dice todo: "Para mi hubo dos Stevensons: el Stevenson que se fue a América en el 87; y el Stevenson que nunca regresó. Al primero le conocí, y le quise; al otro dejé de tratarle y, aunque le admiraba, no le tenía en gran estima".

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