27.1.11

Ellos le conocieron

R. L. Stevenson a los veintinueve años

En la constelación de las letras universales, Robert Louis Stevenson fulgura como un astro de primera magnitud. Empezó a brillar muy pronto y su luz todavía no se ha extinguido. Nos acompaña en nuestras vigilias y en nuestros sueños. Cogemos un libro suyo, lo abrimos por cualquiera de sus páginas y al intante nos llega el inconfundible aroma de la buena literatura; aquella que, en decir de James M. Barrie, pervive no solo en nuestra memoria sino en nuestros corazones.
Me pregunto qué pensarían de él los compañeros de viaje en el Devonia, el vapor que partiendo de Glasgow en agosto de 1879 habría de llevar a Stevenson a los Estados Unidos para reencontrarse con la mujer amada. Tenía entonces 28 años y había publicado un par de libros de viajes que apenas habían llamado la atención, a excepción de unos cuantos amigos y un par o tres de críticos avispados. Quiénes fueron estos compañeros nos lo cuenta el propio Stevenson en The Amateur Emigrant, que no se publicaría hasta 1895, un año después de su muerte.Stevenson quiso mezclarse con la gente humilde, los desposeídos de la fortuna; y en vez de comprar un pasaje de primera lo hizo en la segunda cubierta, que solo se diferenciaba de la tercera clase en que disponía de una vajilla de loza y una mesa. De lo primero podía prescindir fácilmente; de lo segundo no, si quería escribir. Y esta fue la gente del entrepuente con quien compartió incomodidades, momentos alegres, mareos y vomitonas: un albañil escocés, conocido como "Estofado irlandés", porque era este su plato favorito; Mr. Jones, "mi mano derecha durante la travesía": una vieja dama "extrañamente pasada de moda": un simpático joven irlandés llamado O'Reilly; una pareja de recién casados: un joven que fingía ser americano; un circunspecto ruso nihilista... Tipos maltratados por la vida a los que la bebida, la holgazanería y la imcompetencia -"las tres grandes causas de la emigración"- habían abocado a la dudosa aventura ultramarina.Todos ellos trataron a Stevenson y tuvieron ocasión de hablar con él. Pocos, por no decir ninguno, sabían que aquel joven larguirucho y aspecto escuálido era escritor. Ellos le vieron como un emigrante más y tal vez escucharon de su boca alguna historia entretenida; si bien en aquellos días prefería escuchar las historias de los demás, antes que contar las suyas. No importa. Ellos le conocieron.No sé si más tarde alguno de estos emigrantes llegaría a enterarse de que había viajado con uno de los más grandes escritores de la época. Tal vez. Ellos tuvieron la oportunidad de conocerle personalmente. Nosotros, en cambio, tenemos la suerte de leer sus libros.

2 comentarios:

  1. Lupo Ayllán y Sus Dementes29/1/11 19:27

    Lo de la vieja dama ...¿ sería un fantasma embarcado ? Sí , uno no puede sino fantasear con los compañeros de RLS.¿ Qué fue de ellos ? O´Reilley , patriota convencido , se adhirió a los círculos fenianos de Nueva York. Tras participar
    en un atraco fallido a una fábrica de pan se alistó en la US Navy bajo el nombre de Rupert Lee Simpson. En 1898 al ir a abordar su barco , el Uss Olympia , atracado en Manila , tropezó y calló al agua. Se hundió como una piedra, regresaba con sus compañeros de un burdel : La Alegre Riojana.
    El albañil escocés llegó a participar en la construcción de la Crysler Building, se casó con una bella siciliana y una de sus hijas formó parte del coro de la Ópera de Boston.
    El circunspecto nihilista ruso regresó al ejemplar de Los Demonios tan pronto como el sobrecargo , Randolph Lynn Smith cerró el libro la noche antes de avistar Ellis Island. El joven que fingía ser americano era el oscuro escritor canadiense Ramses Lucius Staudt. Había iniciado el viaje con la intención de recopilar material para su futura gran obra. Él no lo supo nunca , pero su casual encuentro con HP Lovecraft en las calles de Quebec le provocó , por telepatía involuntaria , unas tremendas pesadillas al de Nueva Inglaterra. Pesadillas que incrementaron su ya notable talasofobia. Ramses se suicidó en 1937.
    El joven matrimonio inició un periplo increíble hacia el Oeste, ahí , en San Francisco les pilló el gran terremoto. Sobrevivieron . Al poco nació su hija: Ruby Lorelei Scowcroft. Una de las primeras mujeres médico en ejercer en el territorio de Alaska. Mr. Jones acudió puntual a su cita , años más tarde , en los Mares del Sur.

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  2. Magnífico, Lupo. Stevenson no lo hubiera predicho mejor.

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