27.11.10

Verdaguer y Almera

Corte geológico por la montaña de Nazaret,
en la libreta de campo de Almera.
E. Aragonès, "Dietari d'un geòleg a Terra Santa
(Jaume Almera, 1886)",

Notícies de Natura, 13, 2007

Jacint Verdaguer publicó L'Atlàntida en 1877, con treinta y dos años. En los primeros cantos del poema épico Verdaguer narra con inusitada energía el hundimiento del mítico continente y la formación geológica de la península Ibérica en un tono cataclismático, con gran estrépito tectónico. Menéndez y Pelayo, que hizo un gran elogio del poema, creía que la geología estaba demasaido presente.
Aquel mismo año de 1877 se publicaba Cosmogonía y Geología, del presbítero Jaume Almera, de la misma edad que Verdaguer, profesor en el Seminario de Barcelona. Años más tarde, en abril de 1886, los dos viajarían juntos a Palestina. De esta peregrinación saldría el Dietari d'un peregrí a Terra Santa (1889), de Verdaguer. Almera también tomó sus apuntes del viaje, pero no llegó a publicarlos.
Las dos eran grandes observadores de la naturaleza; pero mientras las notas de Mossèn Cinto hacen gala de un prosa cultivada, acorde con la sensibilidad del poeta, las del Dr. Almera son de signo más práctico, más cercanas a la libreta de campo de un geólogo. Enric Aragonès, que ha estudiado los manuscritos de Almera, menciona algunas de sus anotaciones geológicas. Así, por ejemplo, en Terebinte Almera identifica las calizas neocomienses; camino de Jericó cree ver el basalto sobre un Trías con yesos de color rojo; observa las terrazas fluviales del valle del Jordán; encuentra en Lebbia margas bituminosas y en Antiliban molasas ferruginosas...
Curiosamente, la amistad entre los dos peregrinos no salió fortalecida después de los dos meses del viaje. Hermanos en la fe, sus personalidades y quehaceres eran muy diferentes. Un año antes del viaje, Verdaguer había sido propuesto como canónigo de la catedral de Barcelona. Al parecer, no se le consideró digno de tal cargo y, en consecuencia, Verdaguer presentó la renuncia. Entonces se cursó el nombramiento de Almera, que sí tomó posesión de la canonjía, previa aceptación del obispo de la diócesis.

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