3.5.10

El excéntrico conde

El conde Potocki de Montalk, en Londres, hacia 1940.
(Foto sacada de Fear & Loathing in Fitzrovia, de Paul Willetts)

Este personaje de la foto de aspecto estrafalario, con sus sandalias, hábito monjil, larga cabellera y boina, es el escritor neozelandés conde Geoffrey Potocki de Montalk (1903-1997). Fue un tipo peculiar. A finales de los años veinte se instaló en Londres, donde malvivió la bohemia lampante. Se consideraba heredero al trono de Polonia, Gran Duque de Lituania, hospodar de Moldavia y Sumo Sacerdote del Sol. Siempre llevaba encima un fajo de la revista The Right Review, que él mismo se encargaba de imprimir manualmente y de vender por las calles del West End. En sus páginas tanto podía aparecer un poema de Lawrence Durrell como una invectiva antisemita o una enrevesada genealogía de su pretendida prosapia. Siempre anduvo a la última pregunta, y si alguien le invitaba a comer era muy probable que acabara siendo investido in situ con algún título nobiliario.
Por culpa de unos versos paródicos de Verlaine, que ni siquiera llegó a publicar, fue a juicio y condenado a seis meses de prisión por "libelo obsceno". En su defensa Potocki escribió un alegato contra la censura y un pormenorizado repaso al proceso titulado Whited Sepulchres (1936), que él mismo publicó -"bad printed, well written"- en su imprenta privada.
En 1943 , enterado por unos amigos polacos de la matanza de Katyn, escribió el Katyn Manifesto, en el que acusaba de la masacre, en la que murieron cerca de 20.000 polacos, a la Unión Soviética, entonces aliada del Reino Unido. No solo nadie quiso creerle sino que además fue arrestado y llevado a un "campamento agrícola" en Northumberland. Potocki tenía razón, pero en su momento fue tomado por un chiflado. Al menos vivió lo suficiente para ver la verdad restituida.

2 comentarios:

  1. ¿Y qué fue de él todo ese tiempo hasta los años 90 en que murió? Nos hemos quedado con la historia a medias. Un abrazo.

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  2. Tengo entendido que después de la II Guerra Mundial se trasladó a vivir al sur de Francia, donde vivió discretamente, escribiendo poesía y editando la Rigth Review. Con el tiempo, como a tantos otros, se lo tragó el olvido.
    Un abrazo.

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