30.9.08

Lomonósov

A pesar de que sus contribuciones a la ciencia tardaron en ser conocidas -y reconocidas- en Europa, ya nadie duda de que el ruso Mijaíl Vasilievich Lomonósov (1711-1765) fue uno de los científicos más destacados del siglo XVIII. Formado en la universidad de Marburgo (Alemania), de regreso a su país fue nombrado profesor de Química en la universidad de San Petersburgo. Lomonósov cultivó también la física, las matemáticas, la metalurgia, la meteorología, la geografía y la historia natural.
En el campo de las ciencias geológicas hizo importantes aportaciones en cristalografía y mineralogía. En 1745 publicó un catálogo de cerca de 3.000 minerales. Defendió el origen orgánico del carbón y del petróleo. Sus descubrimientos en el análisis químico de los minerales le convierten en un precursor de los estudios geoquímicos. Fue también uno de los primeros en aplicar el microscopio al estudio de los materiales geológicos. En su obra Sobre los estratos de la Tierra (1763) estudia la estructura de la corteza terrestre, divide los procesos geológicos en internos y externos y postula, mucho antes que otros autores, la idea de una Tierra dinámica y en continua evolución.
Pero Lomonósov no solo fue un científico, sino también un hombre de letras, historiador y filólogo. Escribió una Gramática que renovó el idioma literario ruso, combinando el eslavo eclesiástico con el coloquial. Es autor de tragedias, odas y poemas didáctico-científicos, como la “Epístola sobre la utilidad del vidrio” (1752). Pushkin le llamó “la primera universidad rusa”, pero como poeta no le tenía en gran consideración. No obstante, si el autor de Evgueni Onieguin pudo alcanzar geniales cotas poéticas es, en parte, gracias a la lengua dejada por Lomonósov.

29.9.08

Paul Newman

En El buscavidas (The Hustler, Robert Rossen, 1961) el atrevido billarista Eddie (Paul Newman) le dice al Gordo de Minnesota (Jackie Gleason):

- Soy el mejor que hayas visto. Soy el mejor que hay. Incluso si tú me ganas, seguiré siendo el mejor.

Pues eso, el mejor.

27.9.08

De lo improbable a lo imposible

Los hombres, al rehusar creer en lo improbable, reservan su credulidad para lo completamente imposible.

(De An Almanac, de Norman Douglas, 1945)

25.9.08

Marion Cran

(A FPC, de “Jardines Secretos”)

No tengo jardín, ni entiendo de jardines, pero me gusta de vez en cuando leer literatura sobre jardines. No me refiero a manuales o tratados de jardinería, sino a ensayos o artículos literarios sobre ellos. Y en este campo creativo nadie como los ingleses. Beverly Nichols es todo un clásico, con obras muy apreciadas. Marion Cran, en cambio, es menos conocida, pero no menos entrañable. Hace poco encontré un libro suyo en una librería de lance de Barcelona y lo compré. El libro se titula The Garden of Ignorance (1917) y recoge su experiencia (o falta de ella) al diseñar el primer jardín de su casa.
El libro consta de una serie de textos sobre diversos temas: los arriates, los esquemas de colores, el palomar… Habla de azaleas, peonías, rododendros, montbretias, narcisos, clemátides; de los cuidados que necesitan y dónde conviene plantarlas. A las rosas les reserva un capítulo entero y no escatima consejos sobre linajes y parentescos. Gracias a ella me entero, por ejemplo, de que la variedad Commander Jules Graveraux es un cruce de la roja y perfumada Richmond y de Frau Karl Druschki, “the loveliest white of today”. En sus descripciones las rosas son como los aristócratas en las novelas de Proust: elegantes y conscientes de su alcurnia.
Pero no solo hay plantas y flores en el jardín de la señora Cran. “Pienso que pájaros y otros animales son parte de un libro de jardines”, asegura. En consecuencia, dedica unas emotivas páginas a sus gatos Zillah y Tatty-Bogle y a su fiel perro pastor Bouncer. Los vemos brincar y correr y tomar, perezosos, el sol. En el jardín de Mrs. Cran hay mucha vida.
Con este libro la autora abre al lector las puertas de su jardín particular, se lo muestra con todo el amor y dedicación de la que es capaz, y le invita a disfrutar de sus encantos. Y yo, muchos años después, he entrado en él y me he visto recompensado, por lo que, humildemente, le doy las gracias.

23.9.08

Piedras del sueño de Polífilo

La Hypnerotomachia Poliphili o Sueño de Polífilo (Venecia, 1499), atribuido a Francesco Colonna, es uno de los libros más extraños y enigmáticos que se hayan escrito nunca. Además, la edición príncipe del impresor Aldo Manuzio, con sus espléndidas xilografías, pasa por ser uno de los más bellos libros jamás editados.
El sueño de Polífilo es una amalgama de conocimientos varios: arqueológicos, arquitectónicos epigráficos…y también gemológicos. A lo largo del libro se enumeran gran cantidad de gemas, piedras semipreciosas y rocas ornamentales.
He aquí una lista, no exhaustiva, de algunas de ellas:
Granito rojo de Tebas, mármol, piedra númida, obsidiana, piedra de Paros, piedra lacónica, pórfido, ágata, turquesa, cinabrio, ónice, sardónice, ofita, alabastro, piedra lacedemonia, creta de Trípoli, jaspe, calcedonia, piedra galactita, piedra de Armenia, amatista, lapislázuli, granate, piedra eusebes, ámbar, carbunclo, diamante, berilo, topacio, zafiro, jacinto, rubí, heliotropo verde de Chipre, asbesto, ceraunio lusitano azul, selenita verde de Persia, piedra dionisia negra, esmeralda escita, topacio de Arabia, crisólito etíope, piedra serpentina, piedra Pilates, piedra augúster, magnetita, balaje, albayalde, mármol migdonio, piedra sinoquita, bórax, piedra chernita, hexaconthalito, crisoprasa, atizol, coaspite, paragonio, piedra espartopolia, hieratita, cetionide… Maravillosos nombres, la mayoría perdidos.
De España cita dos especímenes curiosos: la piedra pómez de Tarragona (de hecho no hay pumitas en Tarragona, por lo que puede que se trate de algún tipo de piedra tosca) y la piedra de Segóbriga, “invulnerable al paso del tiempo”, que sin duda es el yeso especular o lapis specularis que ya explotaban los romanos). Resulta curioso, sin embargo, que no cite el famoso brocatel o mármol brocatello, usado como piedra decorativa desde la antigüedad y que se extraía de canteras cercanas a Tortosa.

21.9.08

Y la respuesta es: Jaime de Angulo

Nacido en París, en 1888, de padres españoles, Jaime de Angulo se trasladó a los dieciocho años a San Francisco, justo a tiempo para el terremoto de 1906. Ileso, se establece en Alturas, donde por algún tiempo regenta un pequeño rancho. Luego se marcha a Nueva York a estudiar medicina en la universidad Johns Hopkins. En 1911 la New York Labor Company le publica su primer libro, The Trial of Ferrer: A Clerical-Judicial Murder, una diatriba contra la ejecución del pedagogo Ferrer y Guardia en Barcelona a consecuencia de los desórdenes de la Semana Trágica.
De vuelta a California se casa y se instala en una cabaña en Big Sur. Cría caballos. Allí entra en contacto con los indios de Pit River, y comienza estudiar su lengua y su cultura, estudios que más tarde ampliará a otras etnias indias del norte de California. En Taos conoce a D. H. Lawrence, con quien acabará topando. En 1922 se divorcia de su primera mujer y publica su primera novela Don Bartolomeo. Un año después se vuelve a casar y es invitado por la universidad de Berkeley para dar clases sobre lenguas nativas americanas. Conoce a Carl Jung y a Bronislaw Malinowski.
En 1936 Angulo sufre un accidente de coche, a consecuencia del cual muere su hijo de doce años. Angulo y su mujer se separan, y él, profundamente afectado, se encierra en su casa de Big Sur. Lleva una vida retirada y recibe de vez en cuando las visitas de sus vecinos Robinson Jeffers y Henry Miller. También hace amistad con Ezra Pound y William Carlos Williams.
En 1948 se le detecta un cáncer, y es entonces cuando se concrentra en la escritura y escribe sus mejores obras: la novela The Lariat, sobre Fray Luis, un fraile español de la misión de San Carlos Borromeo del Carmelo; Indians with Overalls, sutil estudio etnográfico que dedica a Blaise Cendrars, al que había conocido en Europa; el poemario Coyote's Bones; el libro de cuentos Indian Tales, pensado para un público infantil; y Don Gregorio, memoria de su padre, de quien seguramente heredó su toque excéntrico. (Don Gregorio de Angulo, vasco de pura cepa, temía a los microbios; era seguidor de la cura Kneip, que entre otras recomendaciones prescribía dormir con las ventanas abiertas de par en par; llevaba trajes sin bolsillos y acarreaba una bandolera en la que, entre otras cosas, guardaba siempre tres pares de gafas, una brújula, un breviario, un rosario, dos cronómetros y cuatro pañuelos. "Don Gregorio de las Cositas, le llamaban).
Ezra Pound se convierte en su "manager" no oficial, ayudándole a colocar artículos y fragmentos de sus obras en varias revistas. Lo mismo harán otros poetas, como Marianne Moore, Robert Duncan, Kenneth Rexroth, Gary Snyder y Allen Ginsberg. Para entonces Jaime de Angulo está ya muy enfermo y en 1950 muere. Su cuerpo es incinerado y sus cenizas esparcidas en el bosque de Marin. Pero su voz no se apaga del todo. Pese al olvido, sus amigos preservarán su memoria. Henry Miller lo evocará en The Devil in Paradise y Jack Kerouac en Desolation Angels.
Uno de sus poemas "indios" de Coyote's Bones dice:

Coyote, que ululas en la colina,
¿es mi fuego el que te aflige?
O son los recuerdos de hace mucho tiempo
cuando eras un hombre que vagaba por las colinas.

Jaime de Angulo, todo un personaje a descubrir.

19.9.08

Adivinanza


En esta foto, ¿qué escritor es el tipo de la derecha, con pinta un tanto friqui, que aparece junto a un curandero indio, y del que William Carlos Williams dijo que era uno de los escritores más extraordinarios que había conocido?
Pistas:
1. Nació en París, de padres españoles.
2. Vivió la mayor parte de su vida en California.
3. Además de poeta fue lingüista y etnógrafo.

(Se admiten apuestas. La solución pasado mañana)

17.9.08

Camba y los canallas de la Academia

En el libro de memorias Seixanta anys d'anar pel món (Sesenta años de ir por el mundo), de Eugeni Xammar, el periodista catalán habla con afecto y admiración de su colega Julio Camba. Cuenta Xammar que habiéndose encontrado con él en cierta ocasión en el vestíbulo del hotel Palace de Madrid, donde residía Camba, aprovechó para preguntarle por qué no había querido ser académico de la lengua. Camba, le contestó:
"- No tengo por qué ocultarle a usted la verdadera explicación de mi actitud. Es muy sencilla: académico es sinónimo de canalla. No quiero decir con esto que sean unos canallas todos los académicos. Quiero decir únicamente que la mayoría de los académicos han conquistado su entrada en la Academia a fuerza de doblar el espinazo, de cometer una serie inimaginable de vilezas , bajezas, villanías y traiciones de toda clase. De canalladas, en suma. Nada de eso se me pedía a mí. Pero no tenía ningunas ganas de entrar en una casa donde tantos otros habían entrado a codazos."

16.9.08

Foster Wallace

Leo en el periódico La Nueva España el siguiente titular: DAVID FOSTER WALLACE, ADIÓS AL LÍDER DE LOS ESCRITORES MALDITOS. ¿Foster "líder de los escritores malditos"? ¿Foster un "maldito"? ¿Quién redacta esta textos de agencia? Pase que fuera un escritor transgresor, políticamente incorrecto, provocador; pero, ¿maldito?
Aparentemente lo tenía todo: fama, éxito, prestigio, dinero. Sus alumnos de creative writing le adoraban, su familia le quería. Y pese a todo... decide quitarse la vida. La naturaleza humana es extraña y complicada. Lo único seguro es que ya no escribirá más; y que a partir de ahora cada vez que lo lea será difícil que me quite de la mente la tétrica imagen de su autor ahorcado. Una faena.
Descanse en paz.

15.9.08

Anita Page

El pasado 6 de agosto murió en su casa de Los Angeles Anita Page. Había sido una estrella de cine de primera línea, gozando de excepcional fama en los años veinte y treinta del pasado siglo. Tenía 98 años.
Los obituarios hablan de ella como una de las actrices más conocidas y deseadas del Hollywood Dorado. Tras unos años de éxitos su vida cambió cuando en 1932 rompió su contrato con la MGM. Hizo entonces algunas películas de serie B con productoras independientes y luego, en 1936, inesperadamente, su estrella se apagó, se retiró de la gran pantalla y desapareció de la vida pública.
En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el periodista barcelonés Antonio Pérez de Olaguer visita Filipinas. En Manila conoce a una llamativa rubia platino. Es Anita Page, ahora felizmente casada con Hersholt House, un oficial de las Fuerzas Aéreas de los EE.UU. La pareja le invita a su casa de Cavite.
Unos años más tarde, cuando Pérez de Olaguer publica su reportaje Mi segunda vuelta al mundo (1943), dedica a Anita Page un capítulo: “Me recibe la belleza rubia de la estrella célebre. Y la cordialidad, amable y discreta, del aviador. Y hablamos… Hablamos de muchas cosas” Los viejos recuerdos del ayer se entrecruzan con las sombrías perspectivas de mañana. La guerra parece inminente. Al final del artículo, Pérez de Olaguer, desde el presente de la ocupación japonesa de Filipinas, se pregunta: “¿Qué habrá sido de Anita Page y de su marido y de la casa de ambos, junto al desembarcadero diminuto del legendario Cavite? ¿Qué habrá sido?...”
Anita Page no solo sobrevivió a la guerra, sino que vivió sesenta y cinco años más. Una larga vida para una estrella apagada.

13.9.08

Islas desaparecidas

En julio de 1831 surgió tras un terremoto en el estrecho de Sicilia, a medio camino entre Pantelleria y la costa siciliana, una pequeña isla volcánica que se elevó hasta 72 metros. La nueva isla pronto fue objeto de disputa entre países que reclamaban para sí el nuevo territorio. En el reino de las Dos Sicilias se apresuraron a darle el nombre de Ferdinandea, en honor al rey Fernando II de Borbón; Gran Bretaña intervino en la puja y la llamó Graham Island; y Francia envió una expedición, en la que viajaba el geólogo Constant Prévost, y la bautizó como Isla Julia.
Tras unos meses de constantes discusiones y forcejeos de repente cesaron las reclamaciones: a finales de aquel año, la isla desapareció de la vista. Desde entonces ha vuelto a asomarse un par de veces cerca de donde estuvo y vuelto a sumergirse con suma rapidez. La misteriosa isleta fue visitada en su día por Walter Scott e inspiró narraciones a Alejandro Dumas y Julio Verne. Del suceso también tuvo noticia el escritor norteamericano John Fenimore Cooper, quien tal vez se inspiró en él para escribir The Crater, or Vulcan’s Peak (1847).
El protagonista de esta novela es Mark Woolston, un marino que viaja al océano Pacífico, el buque naufraga y él encuentra refugio en una isla coralina. Un día, tras terribles temblores de tierra, ve cómo surge de las aguas una montaña volcánica –el Pico de Vulcano- de unos 1000 pies de altura. Tras una serie de peripecias, la isla es colonizada por Mark, su mujer y otras personas. Fatalmente, al cabo de unos pocos años la isla se hunde con estrépito en el océano y con ella los utópicos sueños de sus fugaces habitantes.
Por cierto, la base científica de la novela es la teoría de los cráteres de elevación (“Erhebungs Theorie”), propuesta por el geólogo alemán Leopold von Buch (1774-1853), muy en boga en la época hasta que fue desplazada por la teoría de la subsidencia de Darwin.

11.9.08

Uñas volantes

"Lolita, hazme las uñas enseguida y llévalas a mi cuarto."

(Mildred Natwick en Yolanda y el ladrón, 1945, de Vincente Minnelli. Guión de Irving Brecher)

9.9.08

Envidia

La envidia hace extraños compañeros de cama.

(De An Almanac, de Norman Douglas, 1945)

7.9.08

Mamuts

Desde que en 1806 Michael Adams, botánico escocés agregado a la Academia de Ciencias de San Petersburgo, encontrara en el helado suelo siberiano la carcasa entera de un mamut lanudo (Mamuthus primigenius), estos gigantes proboscidios extinguidos, de largos y retorcidos colmillos, no han dejado de excitar la imaginación de los escritores.
John Stuart Beattie (1809-1895) fue un erudito escocés, profesor de griego en la universidad de Edimburgo, sabio humanista y poeta ocasional. Algunos de sus poemas tratan de modo festivo y ligero temas paleontológicos y estratigráficos. Uno de ellos se titula “Frozen Mammoths”, y dice así:

Mammoth, Mammoth! mighty old Mammoth!
Strike with your hatchet and cut a good slice;
The bones you will find, and the hide of the mammoth,
Packed in stiff cakes of Siberian ice.

Mamuts vivos en Alaska es lo que buscan los protagonistas de la novela The Mammoths Hunters (1895), de Willis Boyd Allen. Al final encuentran uno “congelado” en una extraña postura: patas arriba. Otras novelas ambientadas en períodos prehistóricos, desde La guerra del fuego (1909) de J.-H. Rosny, hasta el ciclo “Los Hijos de la Tierra” (1980-2002) de Jean M. Auel, cuentan con descripciones y escenas de caza de esta presa favorita del hombre de las cavernas. En la novela de aventuras Biggles: Charter Pilot (1943), del Capitán W.E. John, se va un poco más lejos y aparecen, en imposible mezcla, mamuts, pterodáctilos y dodos.
En el Bestiario de Ferrer Lerín se recoge una inquietante descripción del mamut, aparecida en el Diccionario Infernal de Collin de Plancy, y tomada del trtado Disquisitionum Magicarum (1599), del jesuita P. Martín del Río:

Mammouths. Animal fabuloso de Siberia, que es objeto de veneración entre aquellos pueblos; tiene cuatro o cinco varas de longitud; su color es gris, su cabeza muy larga, y muy ancha su frente; le salen a cada uno de sus lados, sobre los ojos, dos cuernos que a su voluntad alarga o encoge. Tiene la facultad de extenderse considerablemente mientras camina, y de reducirse a un tamaño muy pequeño cuando descansa; sus patas se asemejan, por su grueso, a las del oso.”

6.9.08

Conradiana, en versión electrónica

Agotados hace tiempo los ejemplares disponibles del folleto Conradiana, he decidido poner a disposición de los lectores que se hayan quedado sin él, y que estén interesados en obtenerlo, la versión electrónica (eBook) del mismo.

A partir de ahora se puede descargar gratuitamente desde este blog.

Agradezco la ayuda de mi hijo Juan en la realización y puesta a punto de esta conversión en libro electrónico.

En el futuro tengo pensado ir publicando otros textos, de corta tirada, anteriormente publicados por mí en edición privada.

5.9.08

Vernon Lee

A lo largo de su vida publicó unos cuarenta y cinco libros. Escribió novelas, cuentos, ensayos, diálogos y piezas teatrales, impresiones de viaje y estudios sobre arte, arquitectura, música, psicología, estética, literatura… Fue una verdadera woman of letters. Sus libros nunca fueron best sellers, ni gozaron enteramente del prestigio académico, pero en su día lograron el favor, y el fervor, de un público minoritario pero cultivado. Su primer libro, Studies of the Eighteenth Century in Italy (1880), escrito cuando apenas tenía veinticuatro años, sorprendió a los especialistas por su erudición y capacidad de recrear los ambientes musicales dieciochescos. En la actualidad la mayoría de sus libros no están reeditados, siendo recordada más que por sus estudios y ensayos, por sus relatos de ficción, los cuales constituyen una pequeña parte de su obra, y no precisamente la que ella más apreciaba. No obstante, algunos de sus cuentos de fantasmas y de carácter sobrenatural, como “El príncipe Alberico”, “La voz maligna”, “El fantasma enamorado” o “Amour dure”, figuran con todo merecimiento en antologías del género fantástico y de terror. Por el contrario, su obra de “no ficción” es hoy en día prácticamente desconocida. A este respecto, una antología que recogiera algunos de sus mejores ensayos de viaje y otros textos sobre arte y literatura, a buen seguro proporcionaría una visión más completa y representativa de su amplia obra literaria.

(Nota: Este es un fragmento del artículo "Vernon Lee, o la vida como una jardinería", cuyo autor es un servidor, y que aparece en el último número, 76, de la revista Clarín)

3.9.08

Book-hunting en Sussex

Circunstancias familiares me han llevado en el mes de agosto a pasar unos días en Worthing, Sussex. Worthing es un agradable sea resort, con su Pier y su Marine Promenade al estilo Brighton, pero en pequeño. Como el tiempo no estaba para tomar el sol en la playa, me dediqué a recorrer librerías. A parte de la inevitable Waterstone’s, encontré una librería de viejo bastante bien surtida, Badger’s. Allí me compré una edición de 1821 de Gertrude of Wyoming and Other Poems, del escritor escocés Thomas Campbell, con preciosos grabados dibujados por R. Westall, y el ensayo W.H. Hudson. A Vision of Earth (1946), de Robert Hamilton. En la librería anticuaria Colin Page de la vecina Brighton, tuve la suerte de que me regalaran, por mi cumpleaños, un bello ejemplar, ricamente encuadernado en piel, de Curiosities of Natural History (Fourth Series), del naturalista y zoófago Francis T. Buckland, hijo del excéntrico geólogo William Buckland, publicado en 1900. Dicho ejemplar había sido obsequiado en su día por la Glasgow Academy a Alick MacLeod, como premio “for good work in the First Latin Class”. A juzgar por su estado impecable no creo que lo leyera. Luego, en Arundel, me hice con una primera edición de The Cruise of the "Nona" (1925), de Hilaire Belloc, y con Limits and Renewals, de Rudyard Kinpling, en la bonita edición de Macmillan and Co (1932), con su típica encuadernación en tela editorial inglesa, flexible, de color granate con la cabeza del elefante estampada en oro. Tanto Belloc como Kipling acabaron residiendo en Sussex. También en Badger's me compré una antología de textos out-of-doors de Richard Jefferies. Jefferies murió en Goring, un suburbio de Worthing, en 1887, a los treinta y nueve años, y está enterrado en el cementerio de la iglesia de Broadwater. Su epitafio reza: “Poeta en prosa de los campos y bosques de Inglaterra”. En verdad, nadie como él ha sabido captar mejor el paisaje de estas tierras del sur de Inglaterra.

1.9.08

Ya estoy aquí

"Aunque perseguido implacablemente hasta la etérea cima de esta casa, he frustrado las malévolas maquinaciones de nuestros enemigos. Resumiendo: ya estoy aquí."

(W.C. Fields -Mr. Micawber- en David Copperfield, 1935, de George Cukor)