22.11.08

El baúl de los recuerdos

Hace un par de semanas estuve en Barcelona, en casa de mi madre. Había que hacer limpieza de "trastos" del sótano. Fue allí donde encontré, medio escondida, una vieja caja de cartón. La abrí, por si había cosas mías, y de repente asomó mi pasado de lector: libros de cuando era niño y adolescente, que creía ya perdidos.
Y como de un sueño olvidado fueron saliendo:
Novelas de Julio Verne de la Colección Juvenil Cadete de Editorial Mateu (Clovis Dardentor, Un drama en Livonia); Luigi Motta (El sumergible llameante), Emilio Salgari (Los tigres de Mompracem), Mayne Reid (Los cazadores de cabelleras), Rafael Sabatini (El marqués de Carabás), Karl May (En la boca del lobo); varios ejemplares de la Colección Historias de la Editorial Bruguera, con adaptaciones de José Mª Carbonell Barberá e ilustraciones en forma de tebeo de Miguel Ambrós (entre ellos Las aventuras de Dick Turpin de Charles C. Harrison, con el negro Batanero y Joe Moscarda). ¡Qué recuerdos!
Casualmente me di cuenta de que el traductor de la edición de Las aventuras de Guillermo de Richmal Crompton, y el de Aventura en el Valle de Enid Blyton (ilustrado por Stuart Tresilian), era el mismo: Guillermo López Hipkiss. Y luego estaba La misteriosa luz blanca de Kenneth Robeson, una aventura del intrépido Doc Savage, en la colección Hombres Audaces de la Editorial Molino; y las novelas del oeste de Ediciones Clíper, con mi preferida: El Sheriff de Losatumba de José Mallorquí ("Losatumba era la población de peor fama de Nuevo Méjico. Y el borracho de Losatumba era Gin Thirst (Sed de Ginebra").
Y en el fondo de la caja, oliendo intensamente a moho, mi segundo libro del que guardo memoria (el primero, perdido, fue un libro de tapas plastificadas titulado Hans, cuyo autor lamentablemente he olvidado): Beltrán el intrépido (Gildas l'intratable) de la escritora francesa Zenaïde Fleuriot. El libro pertenece a la colección Lecturas Juveniles de la Editorial Molino Argentina, Buenos Aires, 1947. Me lo regalaron mis padres, y así quedó escrito en la hoja de respeto, el Día del Libro del año 1953. El libro comienza: "Beltrán buscaba por todos lados a su hermanita Pepita". Aquí debió de empezar el misterio de la literatura para mí.

2 comentarios:

  1. Pues que disfrutes con la relectura y los recuerdos. Con la parte buena de la nostalgia.
    Esas primeras lecturas marcan para siempre.
    Saludos.

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  2. Desde luego, querido conde-duque, en estos casos la primera impresión es lo que cuenta. Y no suele repetirse ya más, por desgracia.
    Saludos.

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