23.7.08

Noticias de la China

“Voy a describir lo que sé y conozco de la vida en China, tal como se ha ofrecido a mi observación durante una larga residencia en casi todos los puertos de comercio, ayudada por frecuentes viajes al interior del país.” Así empieza Eduardo Toda La vida en el Celeste Imperio (1887), raro e interesantísimo libro de viajes dedicado a China. Al reusense Eduardo Toda y Güell (1855-1941), diplomático y escritor, se le considera el primer egiptólogo español. De su estancia en la tierra de los faraones se trajo gran cantidad de antigüedades, incluidas varias momias. En Cerdeña estudió el legado cultural catalán. Fue también un reputado bibliófilo y bibliógrafo. Destinado en 1876 a Macao como vicecónsul, pasó luego a Hong Kong y Shangai. Fruto de esta estancia de seis años fue el mencionado libro.
Nada de la vida y costumbres chinas se le escapa al autor. Toda habla con detenimiento acerca de cómo visten, dónde viven y qué comen los chinos. Sus hábitos alimenticios no pueden dejar de chocarle y, en consecuencia, nos proporciona detalles exactos. Por ejemplo, en Cantón menciona, junto a la Puerta de Tchu Sing, un establecimiento llamado Vusiang Keu Miao Yupú, o sea, “A la fragante abundancia, restaurante de perros y gatos”, y da la tarifa de precios: criadillas de perro negro, 6 céntimos; una cazuela grande de carne de gato, 6 reales; un par de ojos de gato negro, 18 céntimos. Otras curiosidades llaman su atención: las bandas de leprosos que asaltan a los transeúntes en las ciudades exigiendo limosna, los usos amorosos y mortuorios, sus diversiones (“el pueblo chino… se divierte poco”), las casas de prostitución, los fumaderos de opio…Le escandaliza la situación rebajada, casi esclavizante, de la mujer (“para ella la hora de la redención no ha sonado todavía”). “El europeo –escribe- debe forzosamente viciarse en aquellas regiones…muchos pasan indiferentemente por el país, que contemplan sin curiosidad ni gusto, y bastantes por desgracia, dejan el dinero, la salud, y a veces el honor, en las noches de crápula de las concesiones extranjeras.” Me imagino al anciano Toda, en su retiro de Escornalbou, rodeado de libros y bibelots chinos, rememorando, quién sabe si con nostalgia, sus juveniles días en el Celeste Imperio.

2 comentarios:

  1. Anónimo24/7/08 0:23

    Es curioso: cambiando un par de cosas (un sustantivo aquí y allá) podría aplicarse a Benidorm actualmente. Incluso lo de que los nativos no se divierten: sólo se divierten los extranjeros.
    Un abrazo.
    JLP

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  2. Bien podría reeditarse, ahora que en Celeste Imperio van a comenzar los Juegos Olímpicos.
    Un abrazo.

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