8.7.07

Conradiana (IV): Últimos ensayos

Last Essays apareció póstumamente en 1926. Que yo sepa nunca ha sido traducido al español en su integridad. La mayoría de textos contenidos en este volumen fueron escritos después de la publicación de Notas de vida y letras (1921). Ambos libros constituyen la mejor fuente para apreciar al Conrad ensayista. La edición de Last Essays fue preparada por Richard Curle, amigo íntimo de los últimos años de la vida de Conrad y co-albacea tras su muerte. Como señala el editor en la introducción, en sus postreros años Conrad encontraba ocasionalmente alivio a la fatiga de su obra más creativa escribiendo ensayos recordatorios de la vida en el mar.
El libro reúne veinte piezas, entre ellas “The Diary of Congo“, con notas de Curle, aunque el grueso del mismo lo forman los ensayos de carácter literario y, sobre todo, los de temática marinera. Entre los primeros son de destacar las reseñas dedicadas a sus colegas y amigos Stephen Crane, John Galsworthy y W.H. Hudson; así como el Prefacio que escribió Conrad para una edición americana de sus novelas cortas, y en el que, como acostumbraba a a hacer en los prólogos a sus novelas, nos ilumina sobre aspectos de su ideario como escritor.
Las diez piezas relativas al mundo de la Marina y su pasado como piloto –“Christmas Day at Sea”, “Ocean Travel”, “The Unlighted Coast”, “The Loss of the Dalgonar”…- están en la línea de las reminiscencias semi-autobiográficas de El espejo del mar (1906), y entre ellas se encuentra “Legends”, el último artículo que escribiera Conrad, dejado sin acabar en la mesa de su despacho. En él reivindica el temple y la raza de aquellos marinos que desaparecieron con el ocaso de los buques de vela. Buques como el Torrens, uno de los más rápidos de la época, del que Conrad había sido primer oficial de 1891 a 1893, y que al cabo de treinta años, ya al final de sus correrías por los mares, es evocado con nostalgia en el texto “The Torrens: A Personal Tribute”. El párrafo final posee todo el encanto, serenidad y elocuencia de las mejores páginas de Conrad:
But in the end her body of iron and wood, so fair to look upon, had to be broken up –I hope with fitting reverence; and as I sit here, thirty years almost to a day since I last set eyes on her, I love to think that her perfect form found a merciful end on the shores of the sunlit sea of my boyhood’s dreams, and that her fine spirit has returned to dwell in the regions of the great winds, the inspirers and the companions of her swift, renowned, sea-tossed life, which I, too, have been permitted to share for a little while.

1 comentario:

  1. Y también nosotros, gracias a Conrad y otros como él, hemos sido admitidos en ese reino de la aventura, la emoción y el conocimiento que es la literatura.
    Saludos cordiales.

    ResponderEliminar