20.3.07

El perro de Rollinat

Maurice Rollinat es uno de estos poetas menores, criados a los pechos de Baudelaire, que proliferaron en el ambiente cutre-bohemio parisiense de finales del siglo XIX. Rollinat alcanzó cierta notoriedad con la publicación en 1883 de un libro de poemas titulado Les névroses. El título ya nos da pistas.
Solía frecuentar el cabaret literario Le Chat Noir, donde recitaba sus poesías acompañándose al piano y haciendo muecas espantosas y horribles visajes. Soltaba versos como estos:

Acósame con tu malicia,
¡enlódame con tu traición!, ¡insultame!...

Mi cráneo es un calabozo lleno de un tufo horrible...

El asesinato, la violación, el robo, el parricidio,
atraviesan mi espíritu como un rayo feroz...

¡Ven! ¡Mi cuerpo callado, muriendo te codicia!...

Mario Praz, en La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, rescata una descripción de la casa de Rollinat hecha por el novelista Paul Bourget:

"Una mansión extraña, una mansión que daba la impresión de ser un lugar elegido por Poe para un asesinato, y en el fondo de esta mansión, una habitación donde entre los muebles había tirados versos escritos en hojas con membrete de defunción, y en esta habitación, una amante bizarre y un perro que se había vuelto loco porque le pegaban cuando se comportaba como un perro razonable y le daban azúcar cuando cometía alguna falta; por fin, el inquilino fumando una pipa Gamba con forma de cabeza de muerto."

3 comentarios:

  1. Dios mío, qué mal rollo me ha dado la historia del perro...
    Estos aprendices de genio siempre se quedan con lo peor...

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  2. Luego Rollinat se fue a la campiña, pero el ambiente agropecuario no era su fuerte. Regresó a Paris y allí murió, con la cabeza muy ida. Ignoro lo que le pasó al pobre perro.

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  3. Por qué se desprecia en tu artículo a la poesía en sí? por qué eres incapaz de apreciar la modernidad que ellos crearon, revolucionando el arte y a través de él, la vida de occidente?
    Absurdas me parecen tus lineas Sr Ordaz... quizás las piedras nunca le enseñaron la ley de las palabras, la verdad de la locura.

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