21.5.16

Persiles y Sigismunda


Hace años intenté leer Los trabajos de Persiles y Sigismunda, la novela póstuma de Miguel de Cervantes. No lo conseguí. Dejé la lectura en los prmeros capítulos de sus cuatro libros. Hace poco, lo intenté de nuevo en la nueva edición de Isaías Lerner e Isabel Lozano Renieblas para Penguin Clásicos; y, pese a que en más de una ocasión confieso que me he saltado párrafos enteros, al final he conseguido acabar no sin esfuerzo sus quinientas páginas.
Si ya a algunos les resulta difícil el Quijote, el Persiles puede resultarles un escollo insalvable. Lo cierto es que el modelo en que se basa Cervantes, el de la novela bizantina que arranca con las Etiópicas de Heliodoro, es un género que tuvo vigencia en su momento, pero que ahora se nos antoja antiguo y ajeno.
El libro narra las peripecias de Persiles y Sigismunda, príncipes nórdicos enamorados que viajan bajo la apariencia de los hermanos Periandro y Auristela -y cuya identidad no se descubre hasta la página 177- por mares septentrionales de isla en isla y luego por tierras de Portugal, España, Francia e Italia, hasta llegar a Roma. El tono es serio y el lenguaje culto lleno de simbolismos y referencias clásicas y mitológicas, con toques de fantasía (como las menciones a los licántropos, al monstruo marino náufrago o fisíter o a las barnaclas).
Por cierto, que aquí también Cervantes hace pasar a sus héroes por Barcelona, y hay alusión a "los corteses catalanes, gente enojada, terrible y pacífica, suave; gente que con facuilidad da la vida por la honra, y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos..." (según las notas, lo de terribles ha de entenderse "asperos de condición" y por suaves, "manejables").
De todas maneras lo mejor del libro, para mí gusto, es el el prólogo, escrito "puesto ya el pie en el estribo" y con aires de despedida: "!Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo y deseando veros presto contentos en la otra vida!   

17.5.16

Ilustre plebeyo



WILLIAM SHAKESPERE. Este es uno de los genios colosales que han subido hasta la cumbre del ideal. Sus obras encarnan la naturaleza y la existencia, todas las formas múltiples del ser, el hombre y la huimanidad. Anatómico profundo del corazón humano, diseca con su escalpelo todas las fibras, interroga a la materia, evoca a los espectros, y sondea a los abismos, extrae de los cráneos descarnados la esencia de la filosofía, y pasan por su alambique, el enigma y el misterio, los sueños y las conjeturas; todas las fases de la vida, desde la cuna hasta el sepulcro. Retrata con pincel enérgico y mano maestra los vicios coronados, las grandezas corrompidas, y desciende a las clases abyectas y miserables, sacude sus inteligencias incultas y groseras y hace brotar las perlas y los diamantes, las máximas más severas y las sentencias más sabias. Ve la tierra y el espacio, la duda sombría y el azul de los cielos, el flujo y el reflujo de las pasiones, el océano inmenso y el infinito imposible; tiene la emoción violenta de todos los dolores  que torturan el alma, el acento apasionado y elocuente de todos los grandes entusiasmos y heroicos infortunios; abarca todos los aspectos de las cosas; su poesía es mofa y llanto, su espíritu abraza la suma total de la humanidad.

(Antonio Luque y Vicens, Plebeyos ilustres. Reseña biográfica de los obreros del progreso humano, Madrid, 1869)

  

12.5.16

Quitarse el muerto de encima

   


     Disparaba a tontas y a locas, llevado por el ciego afán de salvarse matando, sin distinguir entre amigos y enemigos.

     Las mortíferas piezas de plomo tatuaron el suelo.
     Van Yale notó que el hombre que tenía encima se estremeció bruscamente, restregando su cara contra la suya y llenándole de pegajosa babosidad.
     ¡Era preciso detener a aquel loco!
     Ladeóse ligeramente y levantó el revólver, disparando.
     Tres segundos después el cuerpo del hombre que empuñaba el rifle efectuaba un ruido apagado al caer al suelo.
     Van dio un respimgo de alivio y se desprendeió del muerto que reposaba sobre él. Después, mirando hacia todas direcciones, se alejó de allí.

(Al Sherman, 24 horas muriendo, Ediciones Ferma, 1962)

8.5.16

Un poema de Cardín

Alberto Cardín (1948-1992)

ESCRIBIR

escribir para no morir
tarea idiota que odio
placer que sólo da trabajo

el tiempo de llenar un papel
es tiempo ya de muerte
y lleno sólo tiende
un puente en el vacío

                          ¿milagro?

milagro es vivir lo cotidiano
pasear por los rostros
sortear la muerte que en cada cara me llama
tarea de tántalo que sólo sobrellevo
mientras no encuentre
                          mi vía hacia la muerte
mito del día en que habré
logrado mi más hermoso texto

(Alberto Cardín, Mi más hermoso texto. Poesía completa (1976-1983), edición de Ernesto Castro Córdoba, Ultramarinos Editorial, Barcelona, 2016)

4.5.16

Cardín



La editorial barcelonesa Ultramarinos ha tenido la excelente idea de publicar la poesía completa de Alberto Cardín (1948-1992). Mi más hermoso tecxto, que así se titula la recopilación, reúne los poemarios que publicó  en vida Cardín y en la actualidad prácticamente inencontrables: Paciencia del destino, Despojos e Indículo de sombras, así como una serie de poemas inéditos escritos entre 1976 y 1983 y que se encuentran entre los papeles del Fondo Cardín de la Universidad de Oviedo, constituyen su producción poética. El volumen se complementa con ua selección de textos, de y sobre el escritor asturiano, que nos ilustran acerca de su fama de agitador cultural y polemista.
Como dice el prologuista y editor del libro, Ernesto Castro Córdoba: "La dureza burlesca de sus consideraciones intempestivas, la brillantez de un discurso crítico apoyado en la sospecha y en la destrucción de la complacencia presentan una de las vías menos promocionadas de la Transición: la de aquellos que para construir un lugar mejor apostaron por el incendio."      
Desde su llegada a Barcelona en 1973 Alberto Cardín fue uno de los activistas culturales más potentes, personales y controvertidos a lo largo de los años setenta y ochenta del pasado siglo. Antropólogo, traductor, ensayista, poeta y narrador escribió, entre otras obras, Detrás por delante (1978), Lo mejor es lo peor (1981) y Guerreros, chamanes y travestis (1984). Dirigió la colección Rey de Bastos de la editorial Laertes y colaboró en algunas de las revistas más punteras de la época, como El Viejo Topo, Ajoblanco, La Bañera, Los Cuadernos del Norte y Diwan, así como en los periódicos El País y Diario 16. Tras una fase más centrada en la ficción y la crítica literaria, Cardín inició un segundo período en el que destacó por sus estudios pioneros en el campo LGBT.
A través de su amigo José Doval tuve la suerte de tratarle a mediados de los años ochenta, cuando el sida ya había hecho mella en él. Era una pesona muy generosa y a él le debo en gran medida que mi primera novela fuese publicada. Ahora que casi nadie se acuerda ya de Alberto Cardín, ojalá la edición de su poesía sirva para que se redescubra su obra. 

30.4.16

Alma humana


A propósito de una reciente edición de Las alas de la paloma, un reputado crítco ha dicho que Henry
James es un gran creador de personajes: "A partir de ahí empieza a elaborar, en forma de hipótesis probable, los pensamientos, emociones y decisiones del personaje". Es decir, el lector va conociendo los personajes a través de las situaciones. Por su parte, Borges sostiene que las situaciones, en los libros de James, no surgen de los caracteres; sino que los caracteres han sido imaginados para justificar las situaciones. Cuestión de opiniones. Para el citado crítico, además, Henry James "es un gran conocedor del alma humana". Y ahí tengo yo mis dudas.
Para ser un gran conocedor del alma humana tienes que haber tratado a personas de diferentes clases en situaciones distintas, y me temo que este no es el caso de James. En líneas generales, James estaba muy alejado del predicamento humano. Su conexión fue parcial y selectiva. Para empezar, parece ser que su contacto con las mujeres, fuera de algunas amistades de su pequeño círculo, como Edith Wharton, fue superficial. Sus heroínas típicas suelen ser jóvenes norteamericanas inocentes y puras, para las que el sexo apenas cuenta a la hora de elegir marido. El sexo para James no deja de ser algo terriblemente vulgar.
La mayoría de los personajes de sus novelas y relatos pertenecen a las clases altas y aristocráticas. Su conocimiento de las vivencias y anhelos de las clases medias, bajas y proletarias es prácticamente nulo. Muchos de sus peronajes son ricos por familia o heredan una fortuna en un momento dado; ni siquiera tienen que trabajar para ganarse la vida. Para James la riqueza heredada era superior a la riqueza trabajada. El dinero viejo, mejor que el dinero nuevo. Otros personajes son escultores, pintores, escritores y aficionados al arte que, al menos en apariencia, no se preocupan por el dinero, tan solo por sus ideales artísticos. En el mundo imaginario de James predomina la clase ociosa, no hay obreros, y si aparecen trabajadores suelen ser mayordomos, criadas y personal de servicio en general, cuya mayor aspiración es la de imitar a sus señores. ¿Gran conocedor del alma humana? Claro que no es preciso serlo para escribir magníficas novelas, aunque sean de visión limitada. Al fin y al cabo estamos hablando de ficción. La vida es otra cosa.