31.7.17

Descanso

Como de costumbre, este blog se toma un descanso en el mes de agosto.
Volveremos a principios de septiembre.
Gracias y buen verano.

29.7.17

El granjero de Rowan Oak

William y Estelle Faulkner a las puertas
 de Rowan Oak en 1955.

En el verano de 1929 William Faukner se casó con Estelle Oldham Franklin, que se había divorciado de su esposo y había venido a Oxford con los dos hijos de este matrimonio, Malcolm y Victoria (conocida como Cho-Cho). Se casaron en la vieja iglesia presbiteriana de las afueras de Oxford que construyeron los esclavos sobre College Hill. Pasaron la luna de miel en Pascagoula, y fue allí donde Faulkner corrigió las galeradas de El sonido y la furia.
Al año siguiente, animado por los ingresos que le generaban sus relatos cortos en las revistas y la próxima publicación de sus libros en Inglaterra, Faulkner  compró Rowan Oak, una casa ante-bellum de Oxford, destartalada y necesitada de restauración. Por esta casa, adquirida por 6.000 $ y pagada a plazos de 75 $, lucharía Faulkner toda su vida  Como señala Michael Millgate (The Achievement of William Faulkner, 1966): "Visto hoy, el acto de adquirir tal casa se presenta como algo práctico a la vez que simbólico, que reafirma la decisión de Faulkner de permanecer en el Sur y refleja el deseo del novelista de llevar un tipo específico de existencia sureña."
 Es curioso el apego a la tierra de algunos escritores. Tolstói se creía un mujik en Yasnaia Poliana; Josep Pla se consideraba un payés en su Mas Llofriu; y Faulkner ejerció de granjero en Rowan Oak. La finca de Oxford pasó de la ruina al esplendor, al revés que su matrimonio, que fue tormentoso y acabó en la ruina. Pero los matrimonios pasan, y las casas (al menos algunas) sobreviven.
En cierta ocasión el autor de La mansión dijo: "Es mi propósito, y para ello no escamotearé esfuerzos, que la suma y la historia de mi vida se reduzcan, en mi necrología y epitafio, a lo siguiente: hizo libros y murió." Creo que también le hubiese gustado: "Fue granjero e hizo libros".   

26.7.17

Memorare Manila


     Pero la debacle llegó con la batalla de Manila, ya en pleno declive del Imperio del Sol Naciente, ante la presión de las tropas estadounidenses, australianas y de los propios filipinos sobre la capital de Filipinas.
      Luis García así me lo contó:
      -Hacia el día 7 de febrero de 1945, los estadounidenses empezaron a bombardear el sur de Manila. Y fue entonces cuando el general Yamashita ordenó al almirante Ibabuchi, encargado de las fuerzas japonesas en Manila, que evacuara Manila inmediatamente. Pero Ibabuchi hizo todo lo contrario. Abrieron todos los almacenes donde tenían todos los alimentos y las bodegas donde tenían  toda la cerveza. Y se emborracharon. Cuando estaban completamente borrachos, Inbabuchi les dijo: "¡A quemar Manila!".
     Había comenzado la sanguinaria batalla de Manila que se iba a saldar con unos cien mil nuertos en menos de un mes porque los japoneses tenían la orden de no rendirse. También contribuyeron a la destrucción las prisas del general Douglas MacArthur, porque quería una victoria rápida -deseaba desfilar victorioso con motivo de su sexagésimo aniversario- , y los aviones y la artillería estadounidense machacaron sobre todo el barrio histórico de Intramuros.

(Ramon Vilaró, Mabuhay. Bienvenidos a Filipinas. Ediciones Península, 2017).

22.7.17

Un poema de Muriel Spark

Muriel Spark (1918-2006)

BORROSO

La ventaja de ver borroso
es que solo hay contornos y no nimios detalles.
Todas las pieles son lisas.
Todas las cejas son arqueadas.
Todos los ojos son puntos negros.
Todos los vestidos están limpios.
Los postes del telégrafo parecen álamos
y un cuarto oscuro es lo que se supone que es.
Los cuadros de las paredes del hotel
semejan arte
y yo nunca encuenrto mis gafas.

(Muriel Spark, All the Poems, 2004. Traducción: J. O.). 

17.7.17

Alien


Brown y Jansen actuaban las válvulas de seguridad y nuevamente lanzaron al espacio, en la dirección de proa del aparato, dos poderosos chorros de oxígeno.
      -Televisión -ordenó William.
      En la pantalla apareció televisada toda la proa del "Tritón Volador" y gran parte del cuerpo central del mismo.
      Ante los ojos de William apareció nítidamente aquel extraño objeto que tanto asombro les había causado antes. Todos los hombres miraban interesadísimos y la luz se hizo en sus cerebros. Aquel cuerpo no era ni más ni menos que un inmenso pulpo de dimensiones colosales que ocultaba entre sus asombrosos tentáculos la mayor parte de la proa del "Tritón Volador" hasta cubrirla casi por completo.

(Profesor Hasley, Base Sakchent Nº 1. Editorial Valenciana, 1957). 

13.7.17

El manantial del deseo

Ford Madox Ford (1873-1939)


Sobre el instinto sexual sé muy poco y no creo que signifique mucho en una pasión realmente grande. Puede despertarse por cosas tan insignificantes -un cordón desatado de un zapato, la mirada de unos ojos al pasar- , que creo mejor dejarlo fuera de nuestros cálculos. No quiero decir con todo esto que existan grandes pasiones sin el deseo de llegar a la consumación. Eso me parece que es un hecho sabido y que se trata por tanto de una cuestión que no es necesario comentar. Es una cosa, con todos sus accidentes, que hay que dar por sentado, como en una novela, o en una biografía, damos por sentado que los personajes toman sus comidas con cierta regularidad. Pero la verdadera fiebre del deseo, el verdadero fuego de una pasión largo tiempo mantenida y que termina por agotar el alma de un hombre, es el vehemente anhelo de identidad con la mujer que ama (...).
Porque, se diga lo que se quiera  sobre la relación entre los sexos, no hay hombre que ame a una mujer sin desear acudir a ella para renovar su arrojo, para acabar con sus dificultades. Y ése será el manantial del deseo que siente por ella. Todos tenemos mucho miedo, todos estamos muy solos, todos estamos muy necesitados de alguna confirmación exterior de que merecemos existir.

(Ford Madox Ford, El buen soldado. Traducción de Jose Luis López Muñoz. Edhasa, 2007)