21.9.14

Potencia de los libros


Porque los libros no son materia totalmente muerta, antes contienen una potencia de vida que los hace tan activos cuanto el espíritu a cuya familia pertenecen, y lo que es más, conservan, como en ánfora, la más pura esencia y eficacia de la inteligencia viviente que los creara. Sé que son tan vivaces y vigorosamente impresionantes como aquellos dientes mitológicos del dragón; y repartidos acá y allá puden hacer brotar gente unida a una idea. Con todo ello, de otro lado, y como no se utilizase con precaución, matar a un buen libro es casi como matar a un hombre.

(John Milton, Areopagitica, 1644. Trad. Francesc LL. Cardona)

17.9.14

Hombres de piedra



¿Hombres o piedras?, de Archie Lowan (pseudónimo de Luis Bayarri Lluch), salió en la colección "Luchadores del Espacio", de Editorial Valenciana, en 1963. Es una fantasía científica en la que salen nada menos que dos geólogas. Una es Mary Duval, catedrática de Geología y Espeleología; la otra es Dorothy Lotan, Jefa del Laboratorio Geológico. La primera está convencida de que en una sima llamada "Golat", en Marte, se encuentra un raro mineral de extrañas propiedades, la klivotarinapirita, descubierto sobre el papel por los profesores Klivo y Tarín. Segun estos mineralogistas dicho mineral desprende, sometido a un tratamiento de altas presiones y elevada temperatura, un gas de excepcionales aplicaciones: las de generar, por sí solo, vida. La doctora Lotan es elegida para formar parte de una expedición a Marte para explorar la sima "Gotan".
A partir de este momento la historia adquiere un tono de aventura claramente derivado de Viaje al centro de la Tierra y El mundo perdido. Los expedicionarios desciendan por la sima, llegan a un lago subterráneo de aguas turquesas, recorren galerías alucinantes de rocas fosforescentes y se enfrentan con monstruos amenazantes, en particular con unos enigmáticos "hombres de piedra":
"El espectáculo que contemplaron fue algo capaz de cortar la respiración. Las rocas comenzaban a animarse en derredor suyo, saliendo de entre ellas más de una veintena de hombres de piedra (...) Cayeron muchos de estos monstruos de pesadilla, pero surgían de todas partes y pronto fue imposible utilizar las armas. Entonces, tuvieron que defenderse con los puños. La lucha fue a muerte y sin cuartel. Pero esta vez, las cosas no se presentaron para los terrícolas ni tan claras ni tan fáciles como hasta ahora. Aquellos monstruos sabían luchar y eran duros, como la misma roca de que estaban formados sus cuerpos".Como es usual en estos casos, el traidor forma parte de la expedición.

13.9.14

Bolaño en Blanes

Roberto Bolaño en la calle del Lloro de Blanes,
donde tenía su estudio

"Yo nunca sospeché que un día llegaría a Blanes y que ya nunca más desearía marcharme". En la localidad gerundense de Blanes, su Ayuntamiento ha tenido la buena idea de marcar una "Ruta Roberto Bolaño", con diecisiete puntos de interés que corresponden  a otros tantos lugares por los que transcurrió la vida del escritor chileno y su esposa, Carolina López, desde su llegada al municipio de la Costa Brava en 1985, procedente de Girona, hasta su muerte en 2003. Llegó a Blanes -"un paraíso sin estridencias y con un mar magnífico"- con la intención de abrir una tienda de bisutería, sin embargo el negocio duró poco.
En la "ruta" figuran, entre otros, sus viviendas familiares (las de la calle Aurora y la calle Ample); sus estudios (el de la calle del Lloro y el de la rambla Joaquim Ruyra); la papelería Bitlloch, donde iba a comprar el diario; la farmacia Oms, donde adquiría las medicinas; el Hogar del Productor, un bar frecuentado por clientela bastante marginal; el videoclub Serra, la Biblioteca Comarcal, la pastelería de su amigo Joan Planells, la librería Sant Jordi, Joker Jocs, la tienda donde compraba los wargames, a los que era tan aficionado, etc. 
Hay referencias a Blanes en sus obras, y en el pregón que dio Bolaño en la Fiesta Mayor de 1999 dijo: "(Tolerancia) es la palabra que para mi define Blanes, un pueblo o una ciudad pequeña con problemas, con defectos, pero tolerante, es decir viva y civilizada, porque sin tolerancia no hay civilización..."

9.9.14

Cosas caras



Joan Dixon: Algún día va a querer algo muy bonito y muy caro, y no va a poder comprarlo con su sueldo de detective.
Charles McGraw: Como qué.
J.D.: Como yo.

(Roadblock, 1951, de Harold Daniels. Guion de Steve Fisher y George Bricker) 

5.9.14

Uhlman


En el Museu Municipal de Tossa de Mar hay una buena representación de obras de artistas extranjeros que, en un momento u otro del siglo pasado, pasaron por dicha localidad: Marc Chagall, André Masson, Olga Sacharoff, Oscar Zügel... Algunos eran judíos que habían huído del régimen hitleriano en los años treinta. Entre ellos estaba el abogado y pintor Fred Uhlman (aunque en mi visita al museo no vi ningún cuadro suyo).
Uhlman había nacido en Stuttgart en 1901 y llegó Tossa el 1º de abril de 1936, procedente de París. En su libro autobiógráfico The Making of an Englishman (1960) (hay traducción castellana, Brilla el sol en París, 2000), narra Uhlman en uno de sus capítulos su estancia en el pueblo marinero y el estallido de la guerra civil, que trastocó sus planes y el de otras artistas y refugiados (véase para la vida en Tossa durante la guerra Un hotel en la Costa Brava, de Nancy Johnstone, 2013). Uhlman logra viajar a Inglaterra y en Londres establecerá su residencia hasta su muerte en 1985.
En 1977 publicó Reencuentro, una nouvelle, con prólogo de Arhur Koestler, en el que cuenta una bella historia de amistad entre dos adolescentes en la Alemania de 1932, cuando "la política era cuestión de adultos y nosotros debíamos resolver nuestros propios dilemas". Y entre estos dilemas, el más apremiante consistía "en descubrir la mejor forma de aprovechar la vida, lo cual era muy distinto a dilucidar qué sentido tenía, si es que tenía alguno, y cuál sería la condición humana en ese cosmos alarmante e inconmensurable".

1.9.14

Fantasmal aparición del héroe


     Y, de repente, un trueno horrísono descargó allá fuera, iluminando toda la estancia con una llamarada lívida que desgarró brutalmente el negro cielo nocturno del que caían  torrentes de agua.
     Un golpe violento de aire abrió la puerta de nuevo, con áspero crujido de madera vieja y goznes chirriantes. Scott y la joven volvieron hacia allá la cabeza, sobresaltados.
     El último fulgor del chispazo celeste llegó todavía a alumbrar una silueta larga, impresionante, oscura y fantasmal, erguida en el umbral de la entrada, a contraluz del relámpago.
     Y una voz extraña, profunda, fría y sin marices, retumbó roncamente:
     -Buenas noches, señores. ¿Pueden alojar aquí por unas horas a un viajero perdido en medio de la tormenta?

(Kent Davis, Forajidos en la noche. Colección Far West, Editorial Astri, 2000)

28.8.14

Incómodos interrogantes


No obstante, al tiempo que se multiplican las voces de quienes sostienen que el libro futuro será digital o no será -y las de aquellos que defienden el del papel, inevitablemente-, muy pocos parecen ver que el debate en torno al soporte del texto literario no solo no contribuye a la discusión pendiente en torno al valor de la literatura, sino que sirve de excusa también para posponer esa discusión todo lo posible. En otras palabras, que la discusión sobre si leeremos en papel o en digital -y aquí el tiempo verbal es erróneo, ya que la mayor parte de nosotros "ya" leemos en ambos formatos- es agitada por los actores que intervienen en el negocio editorial para no discutir si leeremos a secas y, en ese caso, qué; y que esto posiblemente se deba a que una discusión de ese tipo no puede sino resultar incómoda para una industria que, con la anuencia y el entusiasmo de muchos escritores, ha desvalorizado el producto literario mediante la repetición de las fórmulas ya conocidas, la instrumentalización del texto -que se ha convertido en reclamo publicitario de políticos y actores o en producto franquiciado de una marca que abarca también filmes, espectáculos deportivos o, en el peor de los casos, performances- y la multiplicación de la oferta. Qué leeremos en el futuro es un interrogante incómodo porque tiene como requisito ineludible el preguntarse sobre lo que leemos en el presente, una pregunta que tal vez no podamos responder sin cierto rubor.

(Patricio Pron, El libro tachado. Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura. Turner Noema, 2014)

30.7.14

Vacación

Este blog, como es costumbre por estas fechas, se dispone a tomarse unas semanas de vacaciones.
Gracias a todos los lectores por su perseverancia.
Volveré a finales de agosto.
Buen verano y mejores lecturas.