2.12.16

Ovetensia

De izquierda a derecha: Manuel García Rubio, José Paredes (pintor), 
Fernando Fonseca, Pepe Monteserín, Fermín Santos (editor) y Jorge Ordaz,
en el café Chelsea. (Foto: "La Nueva España").


Ayer se presentó en Oviedo, en el café Chelsea, el libro colectivo Ovetensia (Forma y verbo). Se trata de un libro de arte. en edición de bibliófilo, que recoge cuatro textos, inspirados en Oviedo, de distintos autores -Pepe Monteserín, Manuel García Rubio, Fernando Fonseca y Jorge Ordaz- ilustrados con sendas estampas calcográficas del pintor José Paredes. El prólogo es de Juan Carlos Gea y lo ha publicado Fermín Santos López en su editorial artesanal Pata Negra, de Oviedo. La edición consta de una tirada de 38 ejemplares, numerados y firmados por los autores, sobre papel Gravart-Art y Croquis de la Casa Vendrell.
"Toda ciudad es una caja. Un contenedor con la tapa más o menos entreabierta (a veces, como Oviedo, más o menos entrecerrada) atestado de trastos, gentes, imágenes, historias y otra infinidad de cajas; estas sí, con puertas que tienden a vedar el paso: viviendas, almacenes, dependencias administrativas, establecimientos comerciales, iglesias, prostíbulos, conventos." (Del prólogo de Juan Carlos Gea).   

29.11.16

Luis Romero



 Luis Romero (Barcelona, 1916-2009)
 a principios de los años cincuenta.


A Luis Romero -de quien este año se cumple el centenario de su nacimiento- le sorprendió la. concesión del Premio Eugenio Nadal de 1951 durante su estancia en Argentina. La Noria era su primera novela (antes había publicado un libro de poemas, Cuerda tensa, y otro de viajes, Tabernas) y describe un día de Barcelona a través de treinta y seis personajes, sin contar otros secundarios o menos relevantes. Ya en su día, Eugenio de Nora destacó la influencia técnica de La colmena de Camilo José Cela y de la traducción al castellano (por José Salas Subirat) de Ulises, de James Joyce. Ambas novelas, que habían sido publicadas en Argentina, estaban muy en boga. Yo añadiría otra posible influencia cinematográfica: La ronde (1950), de Max Ophüls, basada en la obra de Arthur Schnitzler.
La novela de Romero (reeditada recientemente por la editorial Comanegra) combina el realismo objetivista y el monólogo interior. Los personajes aparecen y desaparecen como cangilones de una noria que gira desde que "empieza a amanecer" hasta que "acaba de salir el sol". El resultado de esta "noria" es una mirada amarga a una Barcelona de posguerra que va sacando a flote los anhelos, insatisfacciones y miserias de personas anónimas y corrientes en medio de una gran quiebra moral. La noria no está exenta de imperfecciones y defectos, propios de una novela primeriza, pero es un intento loable y meritorio de huir de las ramplonerías y clichés que imperaban en la narrativa española de la época para acomodarla a las corrientes europeas del momento. 

25.11.16

Bestias del parque

Elefante del Jardí Zoològic de Barcelona

¿Cómo era el Zoo de Barcelona a principios de los años treinta? Para empezar se llamaba Jardí Zoològic y era mucho más modesto que el actual. El librito de Bernat Montsià Les besties del parc (1931) nos informa sobre él. Entonces pertenecia a la Junta de Ciències Naturals de Barcelona, y era su director el señor Rossell i Vilar, "conocido teorizador de las razas".
Muchos animales tenían nombre propio: el primate "cabeza de perro" Pepe, "hijo de una pobre cinodefalita cautiva"; la "bella y enorme" elefanta Julieta: el "malcarado" oso que "se ha ganado del público el nombre de Mussolini por su genio dominador"; la pareja de tigres de Sumatra -el macho se llama Romeo- "que se han comido dos tigrecitos que habían tenido este año"; y los leones -Bosh. Sultana, Xineta...- a los que algunos gamberros no se contentan con tirarles un escupitajo, sino que "los hay que tiran cerillas encendidas a sus crines, y una vez los diligentes cuidadores de las fieras se encontraron con un león que empezaba a incendiarse".
Luego también estaba Llapisera, uno de los dromedarios que el sultán de Marruecos había regalado inicialmente al "señor Alfonso de Borbón que entonces hacía de rey de España"; e Isono, el simpático chimpancé congoleño."que nos mira con ojos llenos de dolor. Tal parece que esté pensando en Filomena, chimpacé hembra muerta hace poco de una pulmonía, víctima de prejuicios precaucionistas."  

22.11.16

Pasado, presente y futuro


-Debería vivir el hoy, capitán. Puede que no nos quede ningún mañana y el ayer no volverá.

(Katy Jurado a Dennis O'Keefe en Masacre en el pozo de la muerte, 1957, de Harld D.Schuster. Guion de Warren Douglas y Oliver Drake). 

19.11.16

Consejo de madre


Arhur Pem se despertó con la cabeza pesada, sintiendo que le dolían las sienes por efecto de la tremenda resaca.
   No era la primera vez qie le ocurría aquello. Últimamente bebía demasiado, sobre todo después de que, tras ganar el premio Pulitzer de Literatura, el resto de sus novelas habían sido un rotundo fracaso. (...)
   Pero Arthur no era de los hombres que se conforman con ser una medianía. Desde muy niño le habían gustado los triunfos y las victorias, y aún recordaba que su madre le había dicho en cierta ocasión cuando adivinó sus inquietudes e impaciencias:
   -Si  no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, hijo mío, o bien escribes cosas dignas de leerse, o bien haz cosas dignas de escribirse.

(Lucky Marty, Ídolo de barro. Ediciones Ceres, 1983).

15.11.16

La mirada de la secretaria

Theodora Bosanquet (1880-1961)
Theodora Bosanquet, que fue la secretaria de Henry James a partir de 1907 y hasta el final de sus días, publicó en 1924 una breve remembranza de su empleador titulada Henry James at Work. Gracias a su testimonio sabemos algunas cosas acerca de los hábitos de trabajo del autor de Los embajadores. Su estudio estaba en el piso superior de su casa de Rye, en una habitación que daba a la calle Lamb, pero en verano prefería trabajar en la llamada "habitación del jardín", más espaciosa. Allí solía dictar sus novelas y la señorita Bosanquet se encargaba con paciente diligencia de pasar sus palabras a la máquiina Remington.
En estos años James dictó volúmenes de memorias y obras de teatro -que fueron un fiasco-. así como  relatos cortos y novelas con el estilo característico de esta última etapa, construido a base de frases largas, sinuosas y alambicadas, consecuencia en gran parte de su costumbre de dictar en vez de escribir. "Soy demasiado difuso cuando dicto", hubo de reconocer el propio James.
En esta época James estaba también embarcado en la edición definitiva de sus obras, la llamada edición de Nueva York, que sería publicada a partir de 1909. Su principal tarea, además de preparar los prefacios a sus obras, era la revisión y corrección de textos. En muchos casos no le gustaba cómo habían sido redactados algunas de sus narraciones antiguas. Si de él hubiera dependido Daisy Miller, por ejemplo, habría sido excluida de sus obras completas, aunque finalmente su popularidad entre los lectores le habría persuadido de lo contrario:
Como buena profesional la señorita Bosanquet no se refiere en su libro a intimidades de su jefe ni nos revela ningún secreto. Más que a un Henry James en pantuflas lo que vemos es a un Henry James que trabaja sin perder la compostura. Pero la mirada de la secretaria nos deja algunos vislumbres sutiles: "Cuando salia del refugio de su estudio al mundo y miraba a su alrededor, veía un lugar de tormento, donde criaturas de presa hundían sus garras perpetuamente en la carne temblorosa de los condenados e indefensos hijos de la noche."