1.4.15

Coincidencias

Humberto I de Italia

Hay ocasiones en que la historia parece rizar el rizo de la verosimilitud. Es el caso, por ejemplo, de lo sucedido al rey Humberto I de Italia (1844-1900), que cierto día de 1900 se asombró al observar que el propietario del restaurante donde cenaba tenía un gran parecido físico con él. Impresionado por la coincidencia, le mandó llamar y comprobó aún con mayor sorpresa que ambos habían nacido el mismo día del mismo año (14 de marzo de 1844); que el propietario estaba casado con una mujer  que tenía el mismo nombre de pila que la reina (Margarita), y que había abierto su establecimiento el mismo día que el rey era coronado (9 de enero de 1878). Simpatizando con él ante tantas coincidencias, el rey invitó al propietario del restaurante a asistir al día siguiente (29 de julio de 1900) a un festival atlético que su majestad iba a presidir en Monza. En pleno acto deportivo, poco tiempo después de que lel rey fuera informado de que el retraso de su invitado se debía a que había sido asesinado a balazos aquella misma noche, el anarquista Gaetano Bresci disparó sobre el monarca, matándolo.

(Gregorio Doval, El libro de los hechos insólitos, Alianza Editorial, 2004)

28.3.15

Faros

E. L. Doctorow

Escribir un libro es como conducir un coche de noche. Solo ves lo que los faros iluminan, pero puedes hacer todo el trayecto de esta manera. 

(E. L. Doctorow. En: Advice to Writers, de Jon Winokour, 2000)

24.3.15

Livor


Menfils fijó sus ojos en aquellas líneas trazadas toscamente: "Si hablas, no tardarás en morir. De tu silencio depende tu vida." Al fin, el altivo aristócrata se hubo de rendir ante la evidencia. Por unos segundos, evocó la cruel escena descrita por la muchacha, como si la hubiese presenciado, y sus facciones correctas se endurecieron hasta tornarse crueles... Luego volvióse hacia Katia, que, palidísima, había inclinado su cabeza desmayadamente sobre el respaldo del sillón, en tanto sus párpados se cerraban. El livor de las ojeras ponía unas sombras oscuras sobre los delicados pómulos, dando a su pequeño rostro un tono enfermizo.

(E. Aguilar de Rücker, Una mujer en peligro, Editorial Bruguera, 1962)

20.3.15

Los huesos de Cervantes


"Es posible que entre los fragmentos encontrados en la cripta de la iglesia de las Trinitarias se encuentren algunos pertenecientes a Miguel de Cervantes".  Es posible, no seguro. A esto puede reducirse lo que dijo en conferencia de prensa el equipo investigador que ha tratado de hallar e identificar los restos del autor del Quijote. Pero esto ya lo sabíamos antes de comenzar los trabajos arqueológicos que han costado 114.000 euros. O sea: por ahora y a falta de verificación por ADN, evidencias científicas, ninguna; especulaciones, todas.
A pesar de estas lógicas cautelas, le ha faltado tiempo a la alcaldesa de Madrid para decir eufórica que el hallazgo "contribuye a la historia y a la cultura de España" y ya acaricia la idea de celebrar una misa el 23 de abril que "podría contar con las más altas personalidades del Estado". En cuanto al ministro Wert también se felicita enormemente de la noticia y espera que la tumba de Cervantes "se convierta en un lugar de peregrinaje cultural". Cómo se nota que estamos a las puertas de elecciones municipales y autonómicas y del 400 aniversario de la muerte de Cervantes..


Y es que no aprendemos. En 1911 ya pasó algo parecido. La Real Academia Española adquirió a un pintor y restaurador, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, el famoso retrato de Cervantes por Juan de Jáuregui (el que se ve en la foto). Reconocidos expertos de la época dictaminaron que ni era de Cervantes ni estaba pintado por Jáuregui. O sea, que era una falsificación. Pero de nada sirvieron los avisos. Las autoridades de turno, movidas por el patrioterismo más oportunista, necesitaban a toda costa ponerle un rostro a nuestro escritor más universal, aunque fuera falso. Ahora quieren sus huesos.

17.3.15

Un poema de Spicer

Jack Spicer (1925-1965)

POEMA DE AMOR

Hay verdadera pena en no tenerte como hay verdadero dolor en
    no tener poesía
En cualquier caso no enteramente como consuelo, solución, fin a todas
    las tragedias menores
Pero, en cualquier caso (poesía o tú)
Como compañero de cama.
Contra la deriva de los rododendros y otras imágenes que no hemos
    visto juntas
He visto tus labios sellados y llego sudando a casa.

(Jack Spicer, The Collected Books, Black Sparrow, 1975. Traducción: J.O.)

13.3.15

De la casa


Glenn Ford: Póngame una copa.
Camarero: ¿Whisky de la casa?
Glenn Ford: ¿Cómo es?
Camarero: De la casa.

(Paula, 1947, de Richard Wallace. Guion de Ben Maddow)

9.3.15

Clifford


Sir Hugh Clifford (1866-1941)


Hugh Clifford y Joseph Conrad se conocieron personalmente en 1899 cuando ambos eran colaboradores del Blackwood's Magazine. Un año antes Conrad había reseñado un libro de Clifford, Studies in Brown Humanity, que recogía sus experiencas como administrador colonial. Con los años seguiría su amistad, intercambiarían libros y mantendrían correspondencia. Conrad le dedicaría a su amigo la novela Chance (1914). Clifford sirvió como gobernador en diferentes países, entre ellos Malaya, norte de Borneo, Trinidad y Tobago, Nigeria y Ceilán, y escribió, fruto de sus experiencias, varios obras, en su mayoría impresiones de viaje y relatos de ficción, que fueron apreciadas por Conrad como productio de un amplio e inusual conocimiento de la historia del sudeste asiático y los problemas coloniales.
Entre su libros, la mayoría de relatos e impresiones de viaje, habría que destacar Further India -una historia de la exploración y primera colonización de Birmania, Siam, Malaya, e Indochina, Saleh: A Prince of Malaya, In Court and Kampong, In a Corner of Asia, etc. Hugh Clifford se casó en 1910 con Mrs Henry de la Pasture (de soltera Elizabeth Bonham), autora de  The Unlucky Family, novela cómica muy alabada por Auberon Waugh. De su anterior matrimonio Lady Clifford tuvo dos hijas, la mayor de las cuales, Edmée Elizabeth Monica, alcanzó considerable éxito escribiendo, bajo el pseudónimo de E. M. Delafield, novelas como Diario de una dama de provincias.  


6.3.15

Bibliótafo


Para alcanzar un alto grado de placer en la formación de una biblioteca hay que viajar. El bibliótafo viajaba regularmente en busca de ejemplates. Su teoría era que el coleccionista debe ir al libro, no esperar a que el libro venga a él. Ningún cazador que se precie, decía, querría que le trajeran un ciervo vivo a su jardín para matarlo. La mitad del placer está en seguir a la presa hasta su escondite.
     Sólo en contadas ocasiones hacía pedidos por catálogo; normalmente iba de acá para allá, visitando a los libreros, buscando el libro deseado. Disfrutaba en aquellas tiendas en las quue el librero tenía toda su mercancía expuesta, las existencias eran abundantes y las sopresas habituales; donde el propietario estaba magníficamente bien infortmado sobre algunos aspectos e igualmente desinformado en otros.
     Compraba generosamente, nunca discutía un precio y dejaba su dinero con el aire del hombre que cree que el dinero que no se gasta es el origen de todos los males.

(Leon H. Vincent, El bibliótafo. Un coleccionista de libros, Editorial Periférica, 2015)