29.5.17

Biblioteca y jardín


Cicerón, en el libro tercero del De finibus, recuerda una de sus vusitas a la espléndida biblioteca de Lúculo, en una de cuyas salitas se encontró al rígido Catón (el futuro suicida) leyendo rollos de filósofos estoicos (III, 7). En abril de 55 le envía una carta a Ático (IV, 10) simplemente para decirle lo feliz que se siente de hallarse en ese momento en la biblioteca de Fausto, el hijo de Sila, en la que se conservan los "originales" del "verdadero" Aristóteles. En otra ocasión escribe a Varrón, el erudito universal al que precisamente por entonces pensaba César encomendar la creacióin de una gran biblioteca pública, unas líneas para invitarlo a la biblioteca de su villa de Túsculo y, si no puede ir Varrón, vendrá él: "si tienes una biblioteca con jardín, lo tienes todo" (Familiareess, IX, 4).  

26.5.17

Filosofía del par




    -Drubble, amigo mío, no se trata de una venganza, es solo una necesidad personal de averiguar de una maldita vez por qué diablos mueren siempre los mejores.
   -No mueren siempre los mejores, hijo. Lo que ocurre es que la muerte de los malos bichos no duele.
    Me alejé por la calle fría, dando la espalda a Drubble. Tal vez tuviera razón. Tal vez lo único importante era tomar un par de copas, abrir un par de piernas y ganar un par de dólares. No estaba seguro de esta filosofía, pero necesitaba un par de copas.

(Rocco Sarto, Un caso particular. Bruguera, Colección "Punto Rojo", 1983).

22.5.17

Mosquitos

Humboldt y Bonpland en Sudamérica
(Cuadro de Eduard Ender)


A finales de marzo de 1800 Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland llegan a la misión de los capuchinos de San Fernando de Apure (Venezuela), en la orilla de este río, en plena selva. Humboldt ya había tenido ocasión de conocer la jungla sudamericana, pero en este viaje a través de la tupida espesura vegetal, bajo un calor y una humedad sofocantes, hubo de enfrentarse a múltiples peligros. De todos ellos el peor, la verdadera plaga que les asedió durante los meses que estuvieron navegando por el Orinoco y sus afluentes, no fueron las serpientes, ni los jaguares, ni los pumas, ni los capibaras, ni los caimanes, ni siquiera el escurridizo y legendario “hombre velludo” de la selva que, según los indios, era parecido a un gran simio; sino estos terribles, implacables, omnipresentes insectos picudos y chupadores de sangre que son los mosquitos.
Los más temibles eran los llamados zancudos (género Culex), que se presentaban después de ponerse el Sol. Su trompa es tan larga que cuando se situaban en la cara inferior de las hamacas, atravesaban la lona y las prendas de vestir más gruesas. En ocasiones formaban auténticas nubes espesas, y no podían hablar ni descubrirse la cara sin que la boca y la nariz se llenasen de zancudos. En Mandavaca se encuentran con un viejo misionero que lleva veinte años en la selva, literalmente acribillado por los mosquitos. Escribe Humboldt en Del Orinoco al Amazonas. Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente:
"Con tono lastimero insistió en que viésemos sus piernas, para que un día pudiésemos contar a las gentes del otro lado del océano lo que han de soportar los pobres misioneros en las selvas del Casiquiare. Como cada picadura deja un puntito pardo negruzco, sus miembros aparecían de tal modo manchados por pequeños coágulos de sangre, que apenas se veía la piel blanca."

Pensamientos no tan malos

Santiago Rusiñol (1861-1931)

Si los jueces fuesen juzgados después del juicio, algunos de ellos irían a prisión.

El escritor que cuida demasiado el estilo lo hace porque tiene pocas cosas que decir; el que no lo cuida nada, mejor sería que no las dijera.

Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla.

Llamar hábil a un artista es censurarlo, llamárselo a un político es alabarlo.

La urbanidad es el conjunto de reglas para hacer más llevadera la estupidez,

La mejor época del matrimonio es el principio y el final. La peror son los treinta años de intervalo del consorcio.

(Santiago Rusiñol, Máximas y malos pensamientos. Piensa mal y no errarás. Traducción de Francisco Fuster, Vaso Roto Ediciones, 2014).

18.5.17

Confusión en la batalla


Soldado 1: Este río me recuerda a una chica que conocí en Nueva Jersey. Tenía una foca como mascota. Era hermosa.
Soldado 2: ¿Quién? ¿La foca?
Soldado 1: No, la chica.

(Regreso del infierno, 1955, de Jesse Hibbs. Guion de Gil Doud y Audie Murphy).

14.5.17

Peregrinulu Transelavanu

Pedro Felipe Monlau (1808-1871)

En marzo de 1865 llegó a la sede de la Real Academia Española un ejemplar de una obra escrita en lengua válaca titulada Peregrinulu Transelvanu, ofrecido por el autor Juan German Codru Dragusiánulu, vice-capitán director del distrito de Fagaras, a dicha corporación. La Academia encargó la redacción de un informe al individuo de número D. Pedro Felipe Monlau.
Hombre polifacético y de múltiples ocupaciones (médico, higienista, filólogo, periodista, literato, filósofo, psicólogo, político y geógrafo, entre otras cosas), Monlau tardó tres años en tener listo el mencionado informe, pues antes viajó a Constantinopla, donde tuvo ocasión de hablar con algunos moldo-válacos o rumanos, de visitar los Principados Danubianos y de estudiar algo detenidamnente la lengua del país. El informe, titulado Breves consideraciones acerca del idioma válaco o romance oriental, comparado con el castellano y demás romances occidentales, fue leído por el propio redactor en la junta ordinaria del 5 de marzo de 1868, y publicado, a expensas de la Academia, en la madrileña Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra el mismo año.
El libro en cuestión reúne una serie de cartas que Dragusianu escribió a un compatriota contándole sus viajes por diversas ciudades europeas. A Monlau le sirve para señalar las caracteristicas filológicas del válaco, cuyo ámbito lingüístico comprendec la Moldavia y la Valaquia, toda la Transilvania y la Bucovina, gran parte del Banato y algunas regiones de Hungría y la Besarabia. Una lengua "tan preciosa por sus singularidades, como por las inducciones y comprobaciones a que convidaba el estudio."