3.3.15

Pequeño homenaje a Francisco González Ledesma

 
Sacó su revólver.
Era como una sentencia de muerte para Kennedy. Sonó un débil grito.
Pero Kennedy ni se movió.
-Paz -dijo-. Haya paz.
El pistolero gruñó:
-Baile. Haya baile.
Y le disparó a los pies con la intención de obligarle a pegar un brinco.
Pero Kennedy no se movió después del disparo. No pestañeó tan siquiera.
Kennedy tan tranquilo.
La tercera bala se le llevó parte de la suela.
Y Kennedy sin enterarse.
El pistolero le miró atónito.
-¿Qué pasa? ¿No bailas?
-Yo solo predico la paz.
Y descargó la enorme Biblia con lomo de hierro sobre la cabeza de su agresor, quien no tuvo tiempo ni de levantar un poco más el Colt.
Sonó un siniestro "chask".
El pistolero quedó K.O., y cayó como una res apuntillada. 
(Silver Kane, El templo de los pistoleros. Ediciones B, Colección Bravo Oeste, 1987)
 
(Reproducción de la entrada del 2-12-2013) 

28.2.15

Compañeros de estante


En un libro de etiqueta victoriano, el Lady's Gough Etiquette, se puede leer un consejo a las amas de casa respecto a la organización de la biblioteca. En aras del decoro se aconseja que los libros escritos por hombres no deben compartir estante con los escritos por mujeres; salvo en el caso de que los autores estén cristianamente casados entre sí.
¡Y yo que tengo a Elizabeth Barrett Browning al lado de Tennyson! ¡Adulterio!

24.2.15

Espiritismo



El sabadellense Félix Sardá y Salvany (1841-1916) ha pasado a la historia (es un decir) por un discutido opúsculo cuyo título es toda una declaración de principios: El liberalismo es pecado (Barcelona, 1884). El integrista Sardá, avezado polemista, escribió numerosos artículos y folletos para combatir el liberalismo, el anarquismo, la masonería, el naturalismo, el matrimonio civil, etc... En uno de sus folletos, ¡Pobres espiritistas! (1873), arremete contra el espiritismo al que ve totalmente condenable e incompatible con la fe cristiana.
¿Y qué había, según Sardá, tras la "superchería" del espiritismo? Pues otra de sus bestias negras:
"El espiritismo en nuestra patria no es más que una máscara del protestantismo. La secta de Lutero que no ha podido arraigarse poco ni mucho en esta tierra, a pesar de lo que para eso ha trabajado, ha llamado en su auxilio al espiritismo. (...) ¡Qué traidora astucia en unos! ¡Qué miserable ceguedad en otros! ¡Pobres espiritistas! ¡Allan Kardec os lleva por la mano hasta Lutero! Esta será vuestra situación definitiva. Ahí pararéis. No seréis más que protestantes."


21.2.15

Un crimen, un suicidio y un epitafio


Max Aub (1903-1972)


La maté por no darle un disgusto.

("Crímenes ejemplares")

"No se culpe a nadie de mi muerte. Me suicido porque de no hacerlo seguramente, con el tiempo, te olvidaría. Y no quiero".
("De suicidios")

De una viuda:
Juan, no te hagas ilusiones.
("Nuevos epitafios")

(Max Aub, Mucha muerte, Editorial Cuadernos del Vigía, 2011)









 

18.2.15

Casa en Cardiff



En una entrada anterior hablé de la estancia, a finales de 1896, de Joseph Conrad en Cardiff, en casa de un amigo polaco. Pues bien, he aquí el aspecto de esta casa victoriana, sita en el 78 de Cathedral Road, en dos vistas tomadas recientemente.




 

14.2.15

Carnaval


Por más que la iglesia se deshaga en lágrimas y en gritos de penitencia en los divinos oficios, para empezar con provecho la santa cuaresma, se deja que gima, y entretanto con pretesto de celebrar el carnaval, se derraman muchos y se abandonan a todo género de fiestas y de alegrías insensatas. Se cree con fundamento, que estas licenciosas diversiones traen su origen del paganismo; pues el mes de enero era profanado por los paganos con regocijos indecentes y con un libertinaje disoluto en honra de Baco, por lo que estos días de destemplanza y de embriaguez, se llamaban fiestas bacanales. Las antiguas se celebraban en un cierto lugar de Atica, donde Baco tenía un templo, y habíanse establecido para esta ceremonia catorce mugeres. Las sacerdotisas de Baco se llamaban bacantes, y cuando celebraban dichas fiestas, corrían de noche vestidas de pieles de tigre o de pantera, unas desmelenadas con antorchas encendidas, otras coronadas de pámpanos e hiedra, y en las manos tenían varas enramadas de hiedra y de hojas de parra. Acompañábanlas tañidores de címbalos, clarines y tambores, y daban gritos horribles. No es pues estraño, que se asegure traer de ahí origen los disfraces y bailes de carnaval.

(Juan de Zafont y de Ferrer, Almanaque religioso, civil y literario para el año 1843, Imprenta de Juan Francisco Piferrer, Barcelona, 1842)

11.2.15

Un poema de Vigny



Y sola, no obstante, un día, su tímida compañera
Contempla a su alrededor la celestial campiña,
Extiende el ala y sonríe, se evade y por los aires
Busca a su amiga Tierra o a los astros desiertos.
Y, así como en la espesura de la Luisiana,
Bajo el bambú mecido y unas largas lianas,
Roto el huevo dorado, por el sol ya maduro
De un nido floral sale el Colibrí magnífico,
Una esmeralda verde su testa ha coronado,
De en la espalda unas alas la púrpura ya presta,
La coraza de azur orna su corazón joven
Y para enconar el aire, el ave parte vencedora
Y pasea por lugares cercanos a la luz
Sus plumas de coral que tanto temen al polvo.
Bajo su abrigo selvático, aturdiendo a la paloma,
El osado viajero frecuenta la palmera.
Abandona primero el llano, que es tan oloroso,
Pasa, ambicioso, del arce hasta el hayal
Y de todos sus festines cree encontrar aprestos
En la frente del palmito o en los brazos del ciprés,
Mas el bosque es un exceso a sus recientes alas
Y están las flores de cuna de este paraje ausentes
Y a buscarlas él planea en la verde sabana:
Las serpientes pajareras que podrían ocultarlas
Le espantan mucho menos que tan áridas forestas,
Y persigue junto al agua el jazmín de las Floridas,
El nomeolvides al fondo de su presidio casto
Y la fresa embalsamada, en medio de aquel cespedal.

(Fragmento de "Eloa, o la hermana de los ángeles", de Alfred de Vigny, 1823. Traducción de P. L. Ugalde, 1979)  

7.2.15

Vigny

Alfred de Vigny, fotografiado por Nadar

En mayo de 1978 la revista literaria Europe dedicó un monográfico a Alfred de Vigny (1797-1863). En él Jacques Gaucheron se preguntaba por el lugar que ocupa Vigny dentro de la poesía francesa del siglo XIX, relegado a una zona de penumbra, oscurecido por luminarias contemporáneas como Hugo, Lamartine, Musset, Nerval, Ducasse o Baudelaire (al que por cierto ayudó en sus inicios). Creo que su situación ha cambiado muy poco desde entonces. Cierto que el género poético en el que sobresale Vigny -la poesía narrativa- no es el que más ha prevalecido en nuestro tiempo. Tampoco ayuda que sus poemas no sean precisamente fáciles. En consecuencia muchos críticos tienden a ignorarlo y en cuanto a los lectores me temo que ha perdido definitivamente la partida. ¿Quién lee hoy en día a Vigny?
Sin embargo, si uno se toma la molestia de repasar su obra se encuentra con un corpus de un rigor y una riqueza nada corrientes. Por ejemplo, Servidumbre y grandeza de las armas, si se vence el prejuicio de un título poco atractivo para los tiempos que corren, es un gran libro de relatos de gratísima lectura y su prosa una de las mejores del romanticismo ("Si es verdad, como dice el poeta católico, que no hay dolor tan grande como el acordarse de tiempos felices en la miseria, también lo es el que el alma encuentra una satisfacción al recordar, en tiempos de calma y de libertad, los tiempos de sufrimiento y esclavitud). Como autor dramático, su Chatterton sigue siendo uno de los piezas emblemáticas del período romántico, Stello una narración filosófica avanzada a su tiempo y "Eloa" o "Mort du loup" geniales poemas. A pesar de todo, Vigny sigue invisible a los ojos del lector actual. Pero, como se dice en su mejor poema, "La maison du berger", l'invisible est réel.